Londres y Washington hacen caer Europa
La actual crisis económica y política que atraviesan Alemania, Francia e Italia no es simplemente un producto del azar o de errores internos: Estados Unidos y el Reino Unido son actores clave y directos en este declive.
Nota: Alfonso Ossandón, Diario la Humanidad – Corresponsalía (Milano – Italia)
Si Europa está pagando hoy los costos de una guerra que no le pertenece y de políticas energéticas insostenibles, es porque fue arrastrada a esta situación por intereses anglosajones que han priorizado su dominio económico y estratégico por encima de cualquier otra consideración.
Estados Unidos lleva años aplicando una estrategia que no solo busca frenar el ascenso de rivales como China o Rusia, sino que también pretende mantener a Europa en una posición subordinada.
La guerra en Ucrania ha sido una herramienta perfecta para este propósito.
Washington, con la ayuda incondicional del Reino Unido, ha empujado a las economías europeas a financiar un conflicto prolongado a través de sanciones económicas desastrosas y enormes inversiones en defensa.

Alemania, la principal potencia industrial de Europa, dependía de la energía rusa barata para mantener competitiva su economía. Al imponer sanciones y romper vínculos con Moscú, Berlín ha visto cómo su modelo económico se desmoronaba: costes energéticos disparados, pérdida de competitividad industrial y una recesión que no tiene fin.
La ironía es que, mientras Europa sufría, Estados Unidos se beneficiaba, exportando gas licuado a precios exorbitantes y atrayendo inversiones gracias a su política proteccionista y a los subsidios de la Ley de Reducción de la Inflación (IRA).

Francia e Italia, con sus problemas estructurales, también han pagado un precio altísimo. La presión para financiar la guerra ha drenado recursos públicos y privados, aumentando déficits fiscales y deuda. Además, la pérdida de acceso a energía asequible ha debilitado industrias clave como la automovilística, la manufacturera y la agrícola, pilares fundamentales en las economías francesa e italiana.
Washington ha conseguido su objetivo: Europa debilitada, dependiente y menos competitiva.
Desde el Brexit, el Reino Unido ha actuado como un peón estratégico de Estados Unidos, presionando a Europa para que adopte políticas contrarias a sus propios intereses económicos.
Londres, liberado de las obligaciones comunitarias, se convirtió en uno de los principales promotores de la línea dura contra Rusia, aun cuando no enfrentaba los mismos riesgos que el continente europeo.
El resultado: mientras Alemania, Francia e Italia sufrían las consecuencias de cortar con el gas ruso, el Reino Unido maniobraba para fortalecer su relación con Estados Unidos, convirtiéndose en un intermediario clave para el suministro de gas licuado.
Además, Londres se ha beneficiado del debilitamiento económico europeo al atraer inversiones y capitales financieros a la City, aprovechando la incertidumbre y la inestabilidad en la zona euro.
Tanto Estados Unidos como el Reino Unido sabían perfectamente que las sanciones a Rusia y la ruptura energética llevarían a Europa a una crisis económica severa.
Sin embargo, esto no les preocupaba: un continente debilitado es un continente más fácil de controlar. Alemania, que podría haber sido el contrapeso económico y político de Estados Unidos, ha sido neutralizada. Su industria, otrora imbatible, ahora lucha contra costes energéticos y deslocalización hacia EE. UU., donde las condiciones son mucho más atractivas.
Francia, por su parte, ha visto erosionada su influencia y su capacidad de liderazgo en la UE, mientras que Italia, sumida en problemas fiscales históricos, ha sido empujada aún más hacia el abismo. Todo esto ha sido una jugada maestra de los anglosajones, que han manipulado a Europa para que se autodestruya en nombre de una “unidad” que solo beneficia a ellos.

La crisis económica en Alemania, Francia e Italia no es una casualidad ni el resultado exclusivo de malas decisiones internas. Es el producto de una estrategia consciente y calculada por parte de Estados Unidos y el Reino Unido, que han utilizado la guerra en Ucrania como una excusa para forzar a Europa a renunciar a su soberanía económica y energética.
Europa ha terminado financiando una guerra que no le beneficia, sacrificando su estabilidad a cambio de nada, mientras sus aliados anglosajones se fortalecen a su costa.
Si Alemania, Francia e Italia quieren salir de esta espiral, deben reconocer quiénes son los verdaderos responsables y, más importante aún, recuperar su autonomía y defender sus propios intereses nacionales.
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Corresponsalía Milano / Alfonso Ossandón Antiquera / © Diario La Humanidad
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Imagen tomada de: REUTERS
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