La Opereta de Mal Gusto: Orbán, Meloni y el Circo Corporativo de Europa
Europa está viviendo una opereta de mal gusto, donde los “líderes patriotas” nos hacen creer que están luchando por los ciudadanos, pero en realidad solo están jugando a un juego sucio de intereses personales, manipulaciones y… corporaciones gigantes que se están comiendo vivos a los contribuyentes.
NOTA: Corresponsalía, Diario la Humanidad – Milano – Italia
Viktor Orbán: «El Patriota» pragmático
Viktor Orbán, el primer ministro de Hungría, se presenta como el «pragmático» de Europa. ¿Cómo? Luchando contra el absurdo de sancionar a Rusia, sanciones que la propia UE impuso, y que al final hacen morir el propio sueño esplendoroso europeísta.
Dado que los países siguen comprando a los rusos vía terceros países lo mismo pero más caro, pero saltando las sanciones. En cambio, sin pelos en la lengua, Orbán dice que eso es, a lo menos, extraño, y que él y su país no van a dejar de negociar directamente con Rusia. Ni menos pelearse con quien, lejos, podría volver polvo toda Hungría con un solo botón, si lo llegan a usar a su gente y nación como proxy para el beneficio de los burócratas de Bruselas. ¿Está claro o no?
Giorgia Meloni: La Anti-UE Que Entra en la UE
Giorgia Meloni, la primera ministra italiana, llegó al poder prometiendo ser la gran líder «anti-UE». ¡El pueblo italiano la amaba!, bueno, los neofascistas y uno que otro woke despistado y oportunista. Pero una vez sentada en su sillón de poder, ¡sorpresa! Se alinea con las políticas de Bruselas y la OTAN, apoya las sanciones contra Rusia y manda armas a Ucrania, todo mientras Italia arde por la inflación y los precios disparados de energía. ¿Su promesa de proteger a Italia? Quedó en palabras vacías, porque lo que realmente hace es servirle la sopa fría a la UE. La «anti-UE» se convierte en un títere de la misma. ¡Bravo, Meloni!
Bonus tracks Alemania: La «Potencia Económica»… Que Ya No Lo Es
Y luego está Alemania. Se supone que es la locomotora económica de Europa, pero… ¿a qué precio? Mientras los alemanes siguen creyendo que su país es un gigante industrial, las grandes corporaciones internacionales (como BlackRock y Vanguard) están comprando todo lo que se mueve. Las fábricas alemanas se están vendiendo a precios bajos y el gobierno alemán, en lugar de defender su industria, aplaude como un espectador. La economía alemana, alguna vez sinónimo de fuerza y estabilidad, ahora está siendo manejada desde Wall Street, y la clase trabajadora alemana está pagando el precio. ¡Vaya locura!
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La Opereta del Siglo
Tenemos una opereta de mal gusto. Orbán, el supuesto pragmático de la soberanía, solo defiende a Hungría, pero de paso hace un gran favor al transformarse en el demonio para los globalistas.
Meloni, la «anti-UE», termina siendo una marioneta más de Bruselas.
Y Alemania, en lugar de ser la potencia económica que fue, ahora es una simple tienda de liquidación para los grandes fondos de inversión. Todo esto mientras los ciudadanos de estos países ven cómo sus futuros desaparecen, entre sonrisas falsas y promesas rotas.
Europa está siendo saqueada desde adentro, pero claro, los políticos siguen haciendo el show. ¿Y los contribuyentes? Solo sentados en la primera fila, mirando cómo la obra continúa, esperando el Eurovisión o el festival de Sanremo, y esperando un final que nunca llega.
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Corresponsalía Milano / Alfonso Ossandón Antiquera / © Diario La Humanidad
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