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José Antonio Kast y la Clase Armada: la guerra perpetua como eje político

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Del complejo militar de Bahréin a las fronteras de Chile: el negocio del miedo, la seguridad privada y la dependencia tecnológica que redefine a El Salvador y Argentina

Nota: Alfonso Ossandón – Periodista

Corresponsalía Milano / Italia

En un escenario global donde el complejo militar-industrial se ha transformado en una clase transnacional que necesita la guerra perpetua para subsistir, América Latina se convierte en el laboratorio perfecto. José Antonio Kast no solo capitaliza el miedo a la delincuencia en Chile; su discurso de blindaje fronterizo, militarización de barrios y alianza con el capital privado replica el modelo de las bases estadounidenses en Bahréin. Mientras la izquierda latinoamericana se debate en el siglo XX sin una propuesta soberana en inteligencia artificial (IA) , semiconductores o defensa digital, la derecha impone la guerra contra el crimen, la inmigración y el narco como eje político, transformando cada crisis en un contrato de seguridad privada. Este análisis revela por qué el futuro de la región se juega en la tecnología y no en las consignas, conectando los radares de Oriente Medio con las urnas de Santiago.

KAST EL NAZI LO SABE / EL HUEVO DE LA SERPIENTE

Cuando la guerra se hace política en América Latina

La foto que acompaña este texto no es de Santiago ni de Gaza. Es un radomo destruido en Bahréin, en la base aérea Sheikh Isa, rodeado por una cinta oxidada que lo reconstruye en bucle. Es la imagen exacta de lo que está ocurriendo en América Latina.

Lo que se presentó el 15 de mayo en Turín, en la Universidad del Colegio Carlo Alberto, con el jurista Ugo Mattei introduciendo el libro de David Colantoni, Teoria della Classe Armata, explica el presente mejor que cualquier encuesta local. Mattei sostiene que el complejo militar-industrial ya no es una lobby, es una clase con intereses transnacionales.

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Su negocio no es ganar una guerra, es que la guerra nunca termine y se vuelva el centro de la política.

Ese modelo aterrizó en América Latina sin necesidad de misiles.

En los últimos dos años, gobiernos de derecha han entendido que el discurso de la guerra permanente es rentable electoralmente. No hablan de radares en Ormuz, hablan de guerra contra el crimen, guerra contra la inmigración, guerra contra el narco, guerra contra el wokismo.

Es la misma lógica que mantiene a 50 mil soldados estadounidenses en el Golfo: crear una amenaza existencial para justificar un estado de excepción continuo.

Chile es el caso más claro. José Antonio Kast no necesita permiso institucional porque no está jugando en el tablero institucional. Avanza ocupando el vacío que deja una izquierda sin proyecto tecnológico y sin aliados estratégicos.

Mientras la izquierda latinoamericana sigue discutiendo el Estado del siglo XX, sin una propuesta propia en inteligencia artificial, semiconductores, transición energética o defensa digital, la derecha ya pactó con el 1 por ciento que sí tiene esa tecnología: los magnates de la seguridad, de las telecomunicaciones, del litio y de las plataformas.

Kast no capitaliza solo el miedo a la delincuencia. Capitaliza el discurso global de la guerra. Su propuesta de blindar fronteras, militarizar barrios y entregar cárceles a empresas privadas es la traducción local de lo que ocurre en Bahréin: externalizar la seguridad al capital privado y hacer que cada crisis sea una oportunidad de negocio. Es oportunismo puro, pero eficaz.

El problema para la izquierda no es moral, es material.

Como explica Colantoni, una clase no se combate con consignas, se combate con otra base material. La izquierda latinoamericana no cuenta hoy con aliados tecnológicos propios. No produce drones, no controla cables submarinos, no tiene fondos de inversión en inteligencia artificial. Depende tecnológicamente de Estados Unidos y China, y por eso no puede ofrecer una autonomía real. Sin proyecto tecnológico, su proyecto político suena a nostalgia.

Los magnates lo entendieron.

En Chile, en Argentina, en El Salvador, el mismo circuito: el miedo se convierte en likes, los likes en votos, los votos en contratos de seguridad, y los contratos en más miedo. Es la cinta oxidada de la foto: cascos y engranajes que giran sobre sí mismos.

Aquí no hay palomitas blancas. No es que la derecha sea más inteligente, es que encontró un combustible que la izquierda abandonó: la guerra como forma de hacer política.

Cuando el radar de Bahréin explota, en Santiago sube una acción. Esa es la conexión que hay que explicar.

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Bibliografía y fuentes:

Mattei, Ugo. Introducción a Teoria della Classe Armata di David Colantoni. IUC, Torino, 15 mayo 2026.

Colantoni, David. Teoria della Classe Armata. L’età del potere militare. 2026.

U.S. Central Command y Naval Support Activity Bahrain. Datos de despliegue y presencia de Quinta Flota. Military Times, Reuters, 2026.

Análisis de ciclo de militarización y economía de la seguridad en América Latina. CEPAL, Informe de Inversión Extranjera Directa 2024-2025.

Datos sobre modelo de seguridad y cárceles privadas en El Salvador y Chile. Human Rights Watch y CIPER Chile, 2024-2025.

Kast, José Antonio. Programa de gobierno y propuestas de seguridad y fronteras. Servel Chile, 2025.

Reportes sobre dependencia tecnológica de América Latina en semiconductores y AI. Banco Interamericano de Desarrollo, 2024.

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Nota: Alfonso Ossandón – Periodista – Corresponsalía Milano / Italia – / Diario La Humanidad 

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Fuente e Imagen: La Haine – insularfm

Los artículos del diario La Humanidad son expresamente responsabilidad del o los periodistas que los escriben.

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