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Golpe de Estado 1953 en Irán: Soberanía iraní usurpada por la CIA y el MI6

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Nacionalización del petróleo, derrocamiento de Mosadeq y las consecuencias de la injerencia extranjera en la historia de Irán

Diario La Humanidad 

El 19 de agosto de 1953, Irán fue escenario de un golpe de Estado orquestado por la CIA y el MI6 que derrocó al primer ministro democráticamente elegido, Mohamad Mosadeq, y restauró la monarquía autoritaria del shah. Detrás de esta intervención extranjera se encontraba la disputa por el control de los recursos petroleros y la decisión de Irán de nacionalizar su industria, un movimiento que desencadenó sanciones económicas, propaganda mediática y una guerra encubierta. Este episodio marcó un punto de inflexión en las relaciones entre Occidente e Irán, sentando precedentes para futuras injerencias en Asia Occidental y alimentando el sentimiento antimperialista que culminó en la Revolución Islámica de 1979. A siete décadas del golpe, la lucha por la soberanía nacional y los ecos de 1953 que aún siguen vigentes en la política iraní y en la memoria colectiva de un pueblo que todavia enfrenta los intentos de desestabilización generados por occidente.

Petróleo, intervención extranjera y la cuestión de la soberanía :: El 19 de agosto de 1953, Irán se vio sacudido por un golpe de Estado organizado por los anglonorteamericanos

El golpe derrocó a su primer ministro elegido democráticamente, Mohamad Mosadeq, y restauró la dictadura monárquica del shah Mohamad Reza Pahlavi.

La operación clandestina, llevada a cabo conjuntamente por la CIA estadounidense y el MI6 británico, se basó en una red de políticos locales, oficiales militares corruptos y medios de comunicación comprometidos, así como en manifestaciones callejeras orquestadas.

Durante varios días, Irán se sumió en la violencia, con asesinatos, atentados con bomba simulados y actos de sabotaje. Los disturbios acabaron por derrocar al gobierno de Mosadeq.

El golpe de Estado dejó cientos de muertos, dio lugar al posterior juicio farsa de Mosadeq y asestó un duro golpe a las ya frágiles instituciones democráticas de Irán.

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A esto le siguieron 26 años de un régimen monárquico cada vez más autoritario, que culminaron con la Revolución Islámica de 1979. La intervención también sentó un importante precedente para los posteriores intentos de EEUU y el Reino Unido por influir en gobiernos extranjeros, sobre todo en Asia Occidental.

La disputa petrolera fue el origen del golpe de Estado

En el centro del golpe de Estado se encontraba el intento de Irán por recuperar el control sobre sus recursos naturales.

Desde principios del siglo XX, el Reino Unido había ejercido un control dominante sobre la industria petrolera iraní a través de la Anglo-Iranian Oil Company (AIOC, por sus siglas en inglés), mientras que Teherán recibía una parte insuficiente de los ingresos. El gobierno de Mosadeq buscaba renegociar esos acuerdos y establecer un mayor control iraní sobre la riqueza petrolera del país.

Los funcionarios británicos y la AIOC se resistieron, pues esto habría perjudicado sus beneficios. Hubo promesas incumplidas en materia de desarrollo e infraestructura, así como malas condiciones laborales para los trabajadores iraníes. Tras el fracaso de las negociaciones, el Parlamento iraní votó a favor de nacionalizar la industria petrolera y destituir a los directivos extranjeros corruptos.

El Reino Unido respondió con presión económica, incluyendo sanciones ilegales e intentos de impedir las exportaciones de petróleo iraní. Las autoridades británicas también confiscaron buques cisterna que transportaban petróleo iraní y consideraron una intervención militar en las provincias sudoccidentales productoras de petróleo del país.

A medida que la crisis se agudizaba, las agencias de inteligencia británicas y estadounidenses avanzaron a un ritmo vertiginoso hacia una estrategia de «cambio de régimen». Recurrieron a redes secretas derechistas que se habían desarrollado originalmente en el contexto de los intentos por contrarrestar la ayuda soviética.

Washington y Londres presentaron públicamente a Mosadeq como una amenaza potencial debido a su cercanía a Moscú. Los partidarios del golpe argumentaron que su gobierno corría el riesgo de acercar aún más a Irán a Moscú, lo cual no era más que una tapadera para sus planes estratégicos y económicos más amplios.

Para los iraníes, la cuestión fundamental era la soberanía del país. Se trataba de si Irán debía controlar sus propios recursos y negociar con potencias extranjeras en condiciones de mayor igualdad. Mientras tanto, los gobiernos occidentales temían que la campaña de nacionalización de Irán pudiera alentar a otros países a cuestionar los acuerdos económicos vigentes y la influencia extranjera.

La batalla por la opinión pública

La campaña no se limitó a las maniobras políticas y las calles. La información y la propaganda desempeñaron un papel importante en el golpe de Estado contra Mosadeq y el movimiento de nacionalización, que finalmente condujo a su brutal derrocamiento.

El servicio persa de la cadena BBC, que operaba bajo la estrecha colaboración diplomática británica, emitió toneladas de material crítico con la nacionalización. Los funcionarios británicos intentaron presentar la política como un desastre económico, al tiempo que defendían la trayectoria de la AIOC como empleador.

Estas afirmaciones encontraron resistencia entre los oyentes iraníes, incluidos trabajadores que cuestionaron la imagen que se daba de la empresa en las emisiones. Algunos se preguntaron por qué el Reino Unido podía nacionalizar en su país industrias como la del carbón y la del acero, al tiempo que condenaba la decisión de Irán de nacionalizar sus recursos petrolíferos.

Los intentos británicos también incluyeron el uso de voces supuestamente «iraníes» para criticar la nacionalización. Según relatos de la época, algunos de los presentados como críticos iraníes eran, de hecho, ciudadanos británicos.

En EEUU, Mosadeq también fue objeto de una campaña mediática cada vez más hostil. Los medios estadounidenses lo retrataron como una figura autoritaria y lo compararon con dictadores como Hitler y Mussolini, mientras que la restauración del Shah se presentó como el retorno del país a la estabilidad.

Esta tóxica campaña de desinformación se convirtió en una parte importante del intento más amplio de socavar el gobierno de Mosadeq y moldear la percepción internacional del mismo.

El golpe de Estado y sus consecuencias

El derrocamiento del gobierno democráticamente elegido de Mosadeq puso de manifiesto la brecha existente entre la retórica pública de los gobiernos occidentales sobre la democracia y la autodeterminación y su disposición a interferir e inmiscuirse en otros países cuando están en juego intereses estratégicos y económicos.

El régimen restaurado del Shah evolucionó posteriormente hacia un sistema cada vez más autoritario. Para los iraníes, esta experiencia se convirtió en un símbolo perdurable de la injerencia extranjera y contribuyó a forjar la oposición política a la brutal monarquía durante las décadas siguientes.

Esa historia también fue fundamental para el clima político que rodeó la Revolución Islámica de 1979. Cuando estudiantes iraníes tomaron la embajada estadounidense –que funcionaba como centro de espionaje– ese mismo año, sabían que Washington intentaría nuevamente derrocar al gobierno iraní posterior a la revolución. Los documentos recuperados de la embajada apuntaban claramente al espionaje y la injerencia estadounidenses.

La crisis también se convirtió en un importante lastre político para el presidente estadounidense Jimmy Carter y contribuyó al deterioro general de las relaciones entre Washington y Teherán.

Desde entonces, las relaciones entre EEUU e Irán han permanecido profundamente antagónicas. Washington ha impuesto sanciones extensas y draconianas, ha congelado activos iraníes, ha apoyado a grupos terroristas y separatistas antiraníes y ha llevado a cabo medidas encubiertas destinadas a influir en la trayectoria política de Irán.

Mohamad Mosadeq

Los ecos de 1953

A pesar de que los archivos desclasificados de la CIA confirman la implicación de EEUU y el Reino Unido, persisten las narrativas revisionistas. Exiliados monárquicos, círculos neoconservadores y autores afines intentan reinterpretar el golpe como una «disputa interna iraní» o presentar a Mosadeq como un dictador. Otros minimizan el papel de los extranjeros o exageran la implicación del clero para servir a las agendas políticas actuales.

Entre los revisionistas más destacados se encuentran el exdiplomático pahlavi Darioush Bayandor y los controvertidos escritores Abás Milani, Amir Taheri y Ray Takeyh, a menudo vinculados a instituciones como WINEP [‘The Washington Institute for Near East Policy’] y el Instituto Gatestone (derechistas y proIsrael). Durante la administración Trump, el enviado estadounidense Brian Hook incluso se hizo eco de las afirmaciones de que Washington no tuvo ningún papel en 1953.

Los medios de comunicación respaldados por Occidente, como BBC Persian, siguen promoviendo estas narrativas, haciéndose eco del mismo desdén por la opinión pública iraní que expresaban los funcionarios en la década de 1950.

Incluso hoy en día, muchos funcionarios británicos siguen sin estar dispuestos a reconocer el papel manifiesto del MI6, aunque voces como la del exministro de Asuntos Exteriores, David Owen, han instado a Londres a que finalmente confiese la verdad.

Siete décadas después, el golpe de Estado de 1953 sigue siendo más que un episodio histórico. Para los iraníes, representa un ejemplo paradigmático de intervención extranjera, la vulnerabilidad de las instituciones democráticas ante la presión externa y las consecuencias perdurables de subordinar la soberanía nacional a los intereses estratégicos y económicos.

En enero de este año, los mismos adversarios extranjeros y su aliado sionista intentaron una vez más derrocar las instituciones democráticas de Irán mediante sangrientos disturbios, un golpe de Estado contra el establishment islámico, como bien declaró en su momento el mártir Líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei.

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Fuente e Imagen: Hispan TV

Los artículos del diario La Humanidad son expresamente responsabilidad del o los periodistas que los escriben.

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