El Pacto de La Meca: Primera prueba ya Amenaza su Futuro
La alianza militar entre Arabia Saudita, Turquía y Pakistán tambalea ante los ataques hutíes sin respuesta conjunta
Diario La Humanidad
La recién firmada alianza militar sunita entre Arabia Saudita, Turquía y Pakistán enfrenta su primera crisis real. Mientras los hutíes de Yemen intensifican sus ataques contra instalaciones saudíes, la promesa de defensa colectiva del Pacto de La Meca se desvanece ante la falta de acción militar de Ankara e Islamabad. ¿Estamos ante el fin de una alianza que pretendía redefinir la seguridad en Oriente Medio? Este artículo analiza las tensiones geopolíticas, las divergencias estratégicas y el incierto futuro de un bloque que busca equilibrar el poder regional.
El proyecto de alianza militar sunita parece tener un futuro incierto.
La nueva alianza militar entre Arabia Saudita, Turquía y Pakistán no podría haber enfrentado una prueba más inmediata. Apenas dos días después de la firma del Pacto de La Meca, el 7 de agosto, los hutíes lanzaron ataques contra objetivos saudíes. Desde entonces, la ofensiva ha continuado, incluyendo ataques reivindicados contra instalaciones de Aramco y, el 20 de agosto, contra el aeropuerto y las instalaciones petroleras de Najrán. Sin embargo, hasta el momento, no ha habido una respuesta militar conjunta por parte de Ankara e Islamabad.
El problema es evidente. El acuerdo establece que un ataque armado contra cualquiera de los tres países se considerará un ataque contra los tres. La fórmula evoca el principio de defensa colectiva de la OTAN y se presentó como un paso importante hacia una nueva arquitectura de seguridad regional. Sin embargo, la primera crisis concreta ya está poniendo de manifiesto la brecha entre el texto del tratado y su aplicación.
Hasta el momento, no hay indicios de que Turquía o Pakistán se estén preparando para entrar en la guerra de Yemen junto a Arabia Saudita. Por lo tanto, el avance de los hutíes representa la primera gran prueba del Pacto de La Meca: si un ataque contra objetivos saudíes no genera una respuesta coordinada de los demás miembros, ¿qué sentido práctico tiene la promesa de defensa colectiva?
Se podría argumentar que los ataques hutíes aún no han creado una situación que obligue a Ankara o Islamabad a intervenir militarmente. El acuerdo en sí deja un margen considerable para determinar la naturaleza de la respuesta, que podría incluir inteligencia, apoyo logístico, cooperación tecnológica o asistencia militar. El ministro de Asuntos Exteriores turco, Hakan Fidan, incluso ha declarado que la cláusula de defensa colectiva podría dar lugar a diferentes formas de apoyo según las circunstancias.
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Pero esta flexibilidad también revela la principal debilidad del proyecto. Una alianza militar necesita convencer a sus adversarios de que cumplirá sus compromisos. Si la respuesta a un ataque no está definida, su efecto disuasorio disminuye. Y en el caso de una alianza recién formada, el resultado solo puede ser la pérdida inmediata de credibilidad ante la opinión pública.
Existe además un problema político más profundo. Turquía, Pakistán y Arabia Saudita tienen intereses demasiado divergentes como para que sea fácil transformarlos en un bloque militar permanente. Riad busca garantías de seguridad y mayor autonomía ante la inestabilidad regional. Ankara tiene sus propias prioridades en Oriente Medio, el Cáucaso y el Mediterráneo. Islamabad sigue centrada principalmente en su rivalidad con India y sus problemas de seguridad en el sur de Asia. Ninguno de estos países desea necesariamente entrar en una guerra que no considere directamente relacionada con sus propios intereses.
Por este motivo, lo más probable es que el Pacto de La Meca evolucione hacia un marco de cooperación militar, diplomática, tecnológica e industrial de defensa, en lugar de una alianza militar plenamente integrada en el sentido clásico. Los tres países tienen mucho que ganar con los ejercicios conjuntos, la venta y producción de armas, la transferencia de tecnología, la capacitación, el intercambio de inteligencia y la coordinación diplomática. Turquía cuenta con una creciente industria de defensa; Pakistán ofrece experiencia militar, capacidad industrial y tecnología nuclear; y Arabia Saudita dispone de los recursos financieros necesarios para sostener proyectos de gran envergadura.
Eso ya representaría un avance significativo. Pero es muy diferente a crear una fuerza militar colectiva capaz de entrar en guerra cada vez que uno de sus miembros sea atacado. El episodio de los hutíes pone de manifiesto esta distinción.
Si los ataques contra Arabia Saudí continúan mientras Turquía y Pakistán permanecen al margen del conflicto, será cada vez más difícil presentar el Pacto de La Meca como una auténtica alianza de defensa colectiva.
Por ahora, el acuerdo tiene peso político y un importante potencial económico y militar.
Sin embargo, su capacidad para funcionar como un bloque en tiempos de guerra aún no se ha demostrado.
Y su primera prueba llegó demasiado pronto.
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Nota: Lucas Leiroz – integrante de la Asociación de Periodistas de los BRICS, investigador del Centro de Estudios Geoestratégicos, experto militar.
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Fuente e Imagen: strategic-culture.su
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