Genocidio en Palestina: las cifras que Uruguay no quiere ver
El silencio de Uruguay frente a lo que ocurre en Gaza ha generado indignación y desazón en quienes esperaban que, fiel a su tradición de defensa de los derechos humanos, el país rompiera su habitual neutralidad diplomática.
NOTA: Andrés Silva, Diario la Humanidad
Montevideo – Uruguay
La respuesta de la Cancillería uruguaya ha sido clara, “no se habla de genocidio porque estamos evaluando la situación”, según declaraciones oficiales. En marzo de 2025, la subsecretaria de Cancillería reiteró ante la prensa que Uruguay prefiere adoptar una posición “prudente y reservada”, argumentando que aún se encuentran “analizando todos los elementos jurídicos, humanitarios y diplomáticos” antes de emitir un juicio definitivo. Esta cautela, más que una defensa de la legalidad internacional, revela una decisión política que prioriza la ambigüedad sobre el compromiso moral.
¿Qué es un genocidio y por qué aplica al caso palestino?
El genocidio es uno de los crímenes más graves establecidos por el derecho internacional. La Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de 1948, ratificada por Uruguay en 1967, define este crimen como:
“Cualquiera de los actos cometidos con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal”.
Los actos incluyen:
- Asesinatos masivos;
- Lesiones graves físicas o mentales;
- Sometimiento a condiciones que impidan la vida del grupo;
- Impedir nacimientos dentro del grupo;
- Traslado forzoso de niños a otro grupo.
Este marco legal no depende del número total de víctimas, sino de la intención sistemática de destruir un grupo. El caso palestino cumple con todos estos criterios.
Cifras del genocidio: más de 154.000 mártires desde 1948
Según la Oficina Central Palestina de Estadísticas, desde la Nakba de 1948, la limpieza étnica fundacional del Estado de Israel, han sido martirizados más de 154.000 palestinos y árabes a manos de las fuerzas de ocupación.
- Desde la Intifada de Al-Aqsa en el año 2000, 64.500 asesinados.
- Desde el 7 de octubre de 2023 hasta hoy:
- 58.600 muertos en Gaza, según datos oficiales palestinos.
- 11.000 personas desaparecidas bajo los escombros.
- 964 mártires en Cisjordania.
- 138.000 heridos, pero se estima que pueden ser muchos más.
Estas cifras no reflejan una guerra, sino una política sostenida de exterminio, desplazamiento y castigo colectivo. La destrucción masiva de viviendas, hospitales, hospitales pediátricos, escuelas, centros culturales, infraestructura sanitaria y hasta cementerios, no deja dudas, esto no es autodefensa, es exterminio.
Prisiones, tortura y violencia sistemática contra niños
Desde 1967, más de un millón de palestinos han sido detenidos por Israel, muchos sin cargos ni juicio. 50.000 de ellos eran niños.
- Solo en 2023, 1.085 niños palestinos fueron arrestados, de los cuales 355 fueron después del 7 de octubre.
- 696 detenciones infantiles ocurrieron en Jerusalén, ciudad ocupada y sistemáticamente colonizada.
- A finales de 2024, 300 niños seguían presos en condiciones inhumanas, en centros como Meguido, Ofer y Damon.
Estos menores son torturados, juzgados como adultos, privados de contacto familiar, sometidos a interrogatorios violentos y encarcelados en condiciones que violan todos los estándares internacionales. Israel aplica la Orden Militar 132, que considera niños solo a los menores de 16 años, contradiciendo la Convención sobre los Derechos del Niño, ratificada por la mayoría de los países del mundo.
¿Por qué esto es genocidio y no solo una ocupación brutal?
Lo que Israel ha hecho durante décadas, y ha intensificado desde octubre de 2023, no puede reducirse al marco de un conflicto o a la narrativa de una guerra defensiva.
Los hechos son consistentes con los elementos jurídicos del genocidio:
- Destrucción física y sistemática de una población civil indefensa.
- Desplazamiento forzado masivo sin posibilidad de retorno.
- Hambre como arma de guerra: Gaza ha sido declarada inhabitable por la ONU.
- Infanticidio y castigo colectivo a una generación entera.
- Anulación de la identidad palestina mediante la destrucción cultural, territorial y simbólica.
El propio Tribunal Internacional de Justicia (TIJ), en su fallo de enero de 2024 en el caso presentado por Sudáfrica, reconoció que existen elementos plausibles para considerar que Israel está cometiendo un genocidio en Gaza, y dictó medidas cautelares para detener la agresión. Israel desobedeció esas medidas.
¿Por qué Uruguay calla?
Uruguay, país firmante de la Convención para la Prevención del Genocidio, tiene la obligación de denunciar y prevenir este crimen. Sin embargo, su gobierno mantiene una postura de neutralidad ambigua, escondida en fórmulas diplomáticas huecas: “ambas partes deben cesar la violencia”, “preocupación por los derechos humanos”, “Estamos estudiando la situación”, etc.
¿Qué hay detrás de este silencio?
- Alineación geopolítica con EE.UU. e Israel, especialmente bajo el gobierno de Luis Lacalle Pou.
- Gran presencia del Sionismo en Uruguay, que ejerce una gran presión
- Presión de sectores económicos, religiosos y mediáticos que demonizan cualquier crítica a Israel como antisemitismo.
- Cálculo electoral y cobardía diplomática, que prefiere no enfrentarse a potencias y aliados.
Este silencio no es neutro, es cómplice. Uruguay no solo falta a sus compromisos jurídicos, sino que traiciona su legado histórico de defensa de los derechos humanos y su política exterior soberana.
El deber moral y político de denunciar
Hoy el mundo asiste en tiempo real al genocidio del pueblo palestino. Lo filman los propios sobrevivientes desde los escombros, lo prueban los organismos internacionales, lo denuncian los juristas, los médicos, los periodistas, los propios niños que han sobrevivido a los bombardeos.
¿Qué más necesita Uruguay para decir la verdad?
No hay justificación política, religiosa ni militar que ampare la destrucción de una nación entera. Lo que Israel está haciendo es genocidio, y el silencio del Gobierno uruguayo es una forma de complicidad.
Uruguay debe apoyar la denuncia presentada por Sudáfrica ante la Corte Internacional, romper relaciones diplomáticas y comerciales con Israel, y respaldar la creación de un tribunal penal específico para juzgar este crimen.
Cada mártir palestino, cada niño torturado, cada familia aniquilada por el fuego y el hambre interpela a las naciones que aún callan.
Uruguay no puede seguir siendo cómplice con su diplomacia vacía. La historia no olvidará a quienes hablaron, pero condenará a quienes miraron hacia otro lado mientras el genocidio ocurría frente a nuestros ojos.
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