Hacia una Lúdica de la Palabra
Hay palabras que se han sostenido con el tiempo Pero también perdido su razón de ser ante el abuso de su implementación en el habla cotidiana y peor aún, reencausadas a sujeciones morales debido a la sociedad y sus normas de convivencia.
NOTA: Carlos Matute Ron, Diario la Humnaidad
Nueva Esparta – Venezuela
Así, el tèknos griego, la democracia, la política, como palabras en tanto categorías y asuntos de la filosofía, devinieron en derroteros para el ser. La técnica, el mejor gobierno, el habitar la ciudad se transformaron en imposición. ¿Nadie quiere saber de lo anterior? Será Diógenes también quién nos recuerde que el cinismo no es lo que se cree hoy día sino asistir a la verdad. Pero no podemos habitar la verdad sin sentir la vida con ternura porque entonces sería un absurdo, una laceración.
Hay palabras que nos sustentan aliento en esta muerte cotidiana de la vida y que al nombrarlas nos permiten nacer y hacer de nuestro vocabulario oraciones que son plegarias (¿desplegar? Interesante) hacia develaciones. Para un noventa por ciento o quizá más, de lo seres humanos, el acto de renombrar las cosas podría ser retornar a un cierto yo fundamental. Pero iniciemos nosotros esa alfabética de una geometría sagrada para sabernos.
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Cómo descubrimos lo nuevo si lo seguimos nombrando con palabras de un pasado que no nos pertenece. Asistamos a nombrar las cosas con el lenguaje de la poesía, de la intuición, del recuerdo que nos habita en la memoria.
Es clave la palabra en el acto humano, quizá ello lo que ante el reino animal nos salva. No el comunicarnos, que ya es otra cosa. No el saber comunicarnos. El entender. El entendernos. Me recuerdo un tanto a José Manuel Briceño Guerrero, ese extraordinario filósofo venezolano también conocido como Jonuel Brigue que disertaba sobre el poder de la palabra. Si uno va a otro planeta y consigue un cuerpo humano pero que desconozca las palabras, no habrá diálogo. En cambio, si uno ve un caimán aún su forma pero conoce las palabras, allí hay diálogo. Un tanto ocurre con nosotros. Dónde la palabra que nos habita. Cómo recogemos letra a letra todo ese abecedario para instar las oraciones desde el sagrado misterio que nos evoca un algo. Entonces podría ser que sí, nunca hay nada por encontrar sino que la vida es un paso a paso por redescubrir aquella memoria perdida que habita derredor en otra forma de comunicación. Somos nosotros quienes dialogamos desde la palabra. Quizá esa sustancia que nos habló Spinoza es la que nos sugiere con la brisa, el rocío, un amanecer, un vuelo de pájaros, que hay algo aquí que va más.
Lo que no se nombra no existe. Quizá en el despliegue de la observación y reflexión podríamos realizar cierta melódica cultural de renombrar todo lo existente para salvar la humanidad que vendrá.
En tus manos está la poesía de las cosas sencillas. Tú la revelación, ombligo, caracol.
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