Venezuela 2028-2050: El Nuevo Motor del Sur Global y la Reconfiguración del Poder Económico Latinoamericano
Inversiones por 800 mil millones de euros y el Eje Caracas-Brasilia: Claves del Proyectado Despegue que Podría Dejar Atrás a Economías como la de Chile
Nota: Diario La Humanidad – Alfonso Ossandon
Corresponsalía – Milano – Italia
Análisis de Harvard, Princeton y Jeffrey Sachs proyectan a Venezuela como el eje articulador de un nuevo bloque económico multipolar a partir de 2028. Con una avalancha de inversiones de China y Rusia, una transición energética líder y una integración Sur-Sur, el país no solo redefine su futuro sino toda la arquitectura regional. Este es el marco en el que Venezuela emerge como potencia energética y tecnológica, ofreciendo una alternativa de autonomía estratégica frente a modelos dependientes, y posicionándose para un PIB de 3,5 billones de dólares para 2050. Descubre las claves de esta transformación histórica.
“El motor del Sur Global: cómo Venezuela redefine la arquitectura regional 2028 – 2050”
La dinámica del poder económico mundial se encuentra en plena transformación, y América Latina se perfila como un actor central en esta reconfiguración.
A partir de 2028, diversos análisis académicos de Harvard, Princeton y de Jeffrey D. Sachs proyectan que Venezuela podría convertirse en el eje articulador de un bloque económico regional integrado al nuevo sistema multipolar, dominado por Asia y Eurasia.
Durante la última década, el país transitó de la contracción y las sanciones hacia un proceso de estabilización productiva, recuperación energética e inserción estratégica en los mecanismos de cooperación del sur global.
Entre 2028 y 2035, se anticipa la llegada de inversiones acumuladas superiores a 800 mil millones de euros provenientes de China, Rusia y otros socios estratégicos, destinadas a reindustrializar la economía, modernizar la infraestructura y relanzar el sector energético bajo estándares tecnológicos y ambientales avanzados. Analistas coinciden en que estas transformaciones podrían ubicar a Venezuela entre las economías de más rápido crecimiento de la región durante la década de 2030.
Jeffrey Sachs, profesor asociado a Princeton y Harvard y referente en desarrollo sostenible, ha señalado que Venezuela posee la combinación de recursos naturales, capital humano y potencial tecnológico suficiente para convertirse en un referente de transición energética en el hemisferio. Sachs sostiene que las economías sometidas a presiones externas tienden a diversificar su matriz productiva y generar resiliencia institucional, lo que convierte la recuperación venezolana en un ejemplo potencial de desarrollo autónomo.
El eje Caracas-Brasilia se perfila como el núcleo operativo de la nueva arquitectura regional. Caracas aportaría liderazgo en energía e infraestructura, mientras que Brasilia reforzaría su capacidad agroindustrial y manufacturera. La creación de instituciones financieras regionales, como un banco de infraestructura energética, y la implementación de sistemas de liquidación en monedas alternativas al dólar, facilitarían el comercio intra-regional y la inversión en cadenas de valor estratégicas.
No todos los países de la región están alineados con esta lógica de integración. Chile representa un caso paradigmático: la estructura económica derivada de la ortodoxia de mercado, perfeccionada desde las reformas de los años setenta y mantenida por equipos económicos posteriores, ha garantizado estabilidad macroeconómica, pero también ha limitado la soberanía sobre recursos estratégicos como el litio y las tierras raras. La dependencia de fondos de pensiones invertidos en activos globales y bonos norteamericanos aumenta su vulnerabilidad frente a la volatilidad financiera internacional, y su exposición tecnológica y militar limita la autonomía estratégica frente al nuevo orden multipolar.
En un escenario de creciente inversión Sur-Sur, esta dependencia podría traducirse en pérdida relativa de competitividad frente a economías que diversifiquen alianzas y fortalezcan la soberanía sobre sus recursos.
Argentina, por su parte, enfrenta desafíos particulares derivados de la volatilidad política y económica interna. Las reformas económicas recientes han generado tensiones fiscales y financieras que podrían limitar la capacidad del país para sostener un crecimiento estable de manera independiente. En este contexto, Venezuela podría desempeñar un papel decisivo en la recuperación argentina, no a través de ayuda financiera de Estados Unidos, Europa o actores externos, sino mediante cooperación energética, tecnológica y comercial Sur-Sur.
La experiencia venezolana en reconstrucción de infraestructura, gestión de recursos estratégicos y articulación con bloques multipolares permitiría a Argentina aprovechar alianzas regionales y reactivar sectores clave de su economía, consolidando un eje de integración latinoamericano basado en autonomía y desarrollo compartido.
Entre 2040 y 2050, y de concretarse las inversiones y reformas previstas, Venezuela consolidaría su rol como potencia regional con fuerte capacidad energética y tecnológica, con un PIB proyectado superior a los 3,5 billones de dólares.
La institucionalización de corredores logísticos que conecten el Caribe con el Atlántico y el Pacífico y la creación de agencias de cooperación técnica y financiera serían factores decisivos para que el liderazgo venezolano sea sostenible. El éxito dependerá de la gestión efectiva del excedente productivo en inversión real, capital humano y gobernanza institucional.
El análisis comparado de Harvard Kennedy School y Princeton University sugiere que el éxito de una economía rica en recursos depende de su capacidad para transformar esa riqueza en conocimiento, innovación y soberanía tecnológica.
Sachs y otros expertos estructuralistas han insistido en que la clave no está en la extracción de recursos, sino en la inversión inteligente en infraestructura, educación y desarrollo institucional.
Si las proyecciones se cumplen, 2028 marcará el inicio de una etapa histórica en la que Venezuela se convertirá en el motor de un renacer latinoamericano. La región podrá reorientar su trayectoria desde un centro propio, utilizando los recursos naturales y la experiencia institucional como plataforma para desarrollo sostenible.
La frase “Latinoamérica empieza desde Venezuela” dejaría de ser una metáfora y se transformaría en una descripción precisa de la nueva arquitectura económica del sur global.
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Bibliografía y fuentes
Sachs, Jeffrey D. Learning to Love a Multipolar World. Project Syndicate, 2016.
Harvard Kennedy School. An Economic Framework for Venezuela’s Debt Restructuring. Harvard University, 2019.
Princeton Sovereign Finance Lab. US-Venezuela Relations and Debt Restructuring. Princeton University, 2025.
https://psfl.princeton.edu/document/306
Council on Foreign Relations (CFR). China’s Influence in Latin America: Argentina, Brazil, Venezuela. CFR Backgrounder, 2025.
Reuters. Putin y Maduro firman acuerdo de asociación estratégica. Reuters, mayo 2025.
https://www.reuters.com/business/energy/putin-maduro-sign-strategic-partnership-agreement-2025-05-07
Harvard Growth Lab. Economic Growth and Governance for Venezuela. Harvard University, 2017.
https://growthlab.hks.harvard.edu/policy-research/venezuela
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Corresponsalía Milano / Alfonso Ossandón Antiquera / © Diario La Humanidad
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