Venezuela: el corazón geopolítico de América Latina
¿Y por que las potencias la quieren someter?

En el complejo tablero de la geopolítica mundial, donde las potencias se disputan recursos estratégicos bajo el velo de la diplomacia o el chantaje económico, Venezuela emerge como una pieza clave en el ajedrez imperial.
NOTA: Andrés Silva, Diario la Humanidad
Montevideo, Uruguay
Venezuela no es una nación de América Latina con conflictos internos, como insisten en presentar los grandes medios alineados al capital, sino de un territorio codiciado por sus incalculables riquezas naturales, su posición estratégica y su persistente desafío al orden neoliberal impuesto desde Washington.
La geografía del petróleo y el oro
Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, superando incluso a Arabia Saudita. Este dato, que debería colocarlo en la cúspide de la soberanía energética mundial, se convierte en su mayor pecado ante los ojos de las corporaciones transnacionales y los centros de poder occidentales. El control del petróleo venezolano, especialmente de su crudo pesado en la Faja Petrolífera del Orinoco, representa para Estados Unidos una necesidad geoestratégica, para garantizar su abastecimiento energético, impedir que potencias como China o Rusia fortalezcan alianzas en su “patio trasero”, y frenar cualquier modelo económico alternativo al dólar y al neoliberalismo.
Pero no es solo el petróleo, Venezuela también posee algunos de los yacimientos de oro más importantes del continente. En los últimos meses, el país ha impulsado un modelo de respaldo a sus reservas internacionales con oro físico depositado en el Banco Central de Venezuela.
Este paso, en medio de un asedio financiero sin precedentes, representó una ofensa directa al sistema financiero global dominado por el FMI, el Banco Mundial y los grandes bancos privados. No por nada el oro venezolano fue secuestrado por el Banco de Inglaterra con la excusa de una “crisis institucional”, demostrando cómo el sistema financiero internacional actúa como brazo ejecutor del saqueo imperial. Ejemplos de esto sobran y podemos mencionar como ejemplo el saqueo a Iraq y las reservas de Libia.
Un modelo económico soberano en disputa
Lo que está en juego en Venezuela no es únicamente su riqueza material, sino su voluntad política de ejercer soberanía. Desde la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999, el país ha apostado por un modelo de inclusión social, nacionalización de recursos estratégicos y construcción de una integración regional latinoamericana al margen de Estados Unidos. Esta visión bolivariana del socialismo del siglo XXI no solo desafió el orden hegemónico, sino que inspiró a millones en América Latina y el mundo.
Por ello, las sanciones unilaterales, los intentos de golpes de Estado, la imposición de “presidentes interinos”, la guerra mediática y el cerco económico no son simples reacciones a una “dictadura”, como dicen los voceros del imperialismo, sino una estrategia planificada para destruir un proyecto político que apuesta por la autodeterminación de los pueblos.
Venezuela como territorio en disputa del nuevo orden mundial
La feroz embestida contra Venezuela no puede entenderse únicamente en clave nacional, si no que forma parte de una reconfiguración del poder global, donde los viejos imperios como Estados Unidos y sus socios europeos se resisten a perder hegemonía ante el avance de un mundo multipolar. En ese escenario, Venezuela representa un obstáculo y una tentación, obstáculo porque no se arrodilla, tentación porque concentra riquezas estratégicas que podrían sostener a cualquier potencia emergente en su ascenso global.
Las reservas de petróleo venezolano son un recurso de poder en la lógica imperialista, quien controle el suministro energético controla la economía mundial. Lo mismo ocurre con el oro, el coltán, los diamantes y otros minerales presentes en el Arco Minero del Orinoco. La mirada de las potencias no está puesta en la democracia venezolana, sino en sus subsuelos.
Pero más allá de lo palpable, Venezuela representa un laboratorio político que decidió apostar por una vía propia, con todos sus aciertos y contradicciones, desafiando el consenso neoliberal.
Que un país del Sur global se atreva a nacionalizar sus recursos, a construir alianzas Sur-Sur, a usar su oro como respaldo soberano fuera del sistema financiero occidental, es intolerable para quienes han hecho del saqueo su forma de vida.
Por eso, la dominación de Venezuela es un objetivo estratégico, no se trata solo de apropiarse de sus riquezas, sino de imponer una advertencia al mundo. Que nadie se atreva a construir su propio destino, que nadie pretenda desobedecer al dólar, que nadie crea que otro modelo es posible.
Frente a esta realidad, la defensa de Venezuela no es una causa aislada. Es la defensa del derecho de los pueblos a ser libres, a decidir su camino sin tutelajes ni invasiones. Es la defensa del derecho a un mundo multipolar, justo y equitativo. Y es, también, una alerta urgente, quien controla Venezuela, puede inclinar la balanza del poder global. Por eso la quieren someter y por eso, también, los pueblos del mundo deben resistir junto a ella.
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