Trump y el cielo venezolano
La ofensiva aérea de un viejo proyecto imperial
NOTA: Andrés Silva, Diario la Humanidad
Montevideo, Uruguay
Cuando Donald Trump anunció, de manera unilateral y sin mediación de ningún organismo internacional, el cierre del espacio aéreo venezolano para aeronaves estadounidenses y asociadas, no está tomando una decisión técnica ni diplomática. Lo que está profundizando es un patrón histórico, el uso político del espacio aéreo como arma de presión, una herramienta más del bloqueo que Washington mantiene contra Venezuela desde hace años.
La soberanía aérea, reconocida por la Convención de Chicago de 1944, establece que cada Estado tiene “soberanía completa y exclusiva” sobre el espacio aéreo que se encuentra sobre su territorio. Al actuar fuera de cualquier marco multilateral, Trump no respeta normativa internacional alguna, intenta moldearla según los intereses de un país que ha convertido la coerción en práctica rutinaria de su política exterior.
En el fondo, esta decisión es una pieza más dentro de una estrategia que combina asfixia económica, aislamiento diplomático y operaciones psicológicas destinadas a fomentar un alzamiento interno. Washington sabe que no puede derrotar a Venezuela en el terreno diplomático ni en el electoral, por eso intenta hacerlo por la vía de la presión total. El objetivo no es nuevo, desestabilizar, fracturar y finalmente destruir a un país que se transformó en referencia para sectores populares de toda América Latina, un faro de esperanza que mostró que existen alternativas al modelo neoliberal.
La abundancia de recursos naturales que posee Venezuela, entre los que encuentran la mayor reserva de petróleo el mundo, tierras raras, una de las reservas más grandes de Oro, Coltán y su ubicación geoestratégica, forman parte de este desesperado intento de exterminar de raíz el proyecto bolivariano.
Pero la realidad desmiente el relato de Washington
A pesar de las amenazas, Venezuela mantiene su espacio aéreo completamente abierto. No solo preserva la operación regular de vuelos nacionales y regionales, sino que sostiene un número creciente de frecuencias internacionales. Mientras desde el norte se acelera la retórica de presión, Caracas recibe delegaciones, aerolíneas, empresarios y turistas que llegan a un país cuyo circuito aéreo se está reconfigurando con mayor autonomía.
La prueba más evidente es la realización de la FITVEN 2025, que reúne a más de 30 países en pleno territorio venezolano. Una feria internacional que no podría existir si Venezuela estuviera aislada o en colapso. A esto se suma el fortalecimiento sostenido de la economía real, crecimiento del sector privado, expansión de actividades regionales y una industria petrolera que, pese a las sanciones, continúa su proceso de recuperación y consolidación.
Cuatro ejes para entender la ofensiva de Trump
Las medidas de EE.UU. no son improvisadas, responden a una lógica que puede desglosarse en cuatro vectores geopolíticos:
1. Expansionismo
Se ajusta a una visión del mundo en la que Estados Unidos considera cualquier proceso soberano latinoamericano como una amenaza. El objetivo es expandir su zona de control político y económico, utilizando sanciones como armas geoestratégicas.
2. Colonialismo
La pretensión es reinstalar un esquema de tutela, decidir qué gobierno es legítimo, qué modelo económico puede adoptarse y qué alianzas internacionales son aceptables. La suspensión unilateral de vuelos es, en esencia, una forma moderna de bloqueo colonial.
3. Imperialismo
Trump opera bajo la premisa clásica del imperialismo, presionar a los países que no se subordinan a la política exterior estadounidense. Las medidas unilaterales forman parte de una estructura más amplia que incluye intentos de apropiación de recursos, bloqueo financiero y aislamiento diplomático.
4. Neofascismo
La criminalización del adversario político, la manipulación mediática para generar miedo y la justificación de medidas excepcionales forman parte del repertorio neofascista contemporáneo. Al presentar a Venezuela como “enemigo Narco Terrorista”, están ajustando a sus leyes que en 2012 crearon para justificar y darle legalidad interna a la Primavera Árabe y ahora Trump intenta legitimar acciones que violan el derecho internacional.
Un país dispuesto a defenderse
Pese a la ofensiva, la estructura de defensa territorial venezolana es una de las más extensas de la región. Más de ocho millones de milicianos y milicianas, obreros, intelectuales, estudiantes, campesinos, profesionales, hombres y mujeres, se organizan como fuerza complementaria a la FANB. Una red popular de defensa nacional que constituye un mensaje claro: cualquier incursión terrestre sería respondida con una guerra de resistencia prolongada.
Estados Unidos, que fue derrotado en Vietnam, Irak y Afganistán conoce bien la imposibilidad de ganar una guerra de guerrillas frente a una población movilizada.
El cierre del espacio aéreo no es una decisión técnica, sino un movimiento político hostil que se inserta en el viejo guion expansionista, colonial, imperial y neofascista. Pero el intento de aislar a Venezuela choca con una realidad que se fortalece, economía en ascenso, presencia internacional creciente, movilidad aérea activa y un pueblo organizado para defender su soberanía.
TE RECOMENDAMOS LEER:
SUSCRÍBETE AQUÍ A NUESTRO CANAL:
Los artículos del diario La Humanidad son expresamente responsabilidad del o los periodistas que los escriben.