La clave druza que desafía el relato de Jolani y el sionismo genocida
En la Siria de 2025, donde las ruinas de una década de intervención extranjera y guerra todavía arden, las promesas vacías de estabilización de este régimen terrorista las nuevas élites intentan reacomodarse al lenguaje del poder internacional. En ese escenario movedizo, un viejo secreto religioso y político vuelve al centro del tablero, el código esotérico druzo.
NOTA: Alfonso Ossandón Antiquera y Béa Powels, Diario la Humanidad
Corresponsalía – Milano, Italia
Más que una religión cerrada, se ha convertido en una clave de lectura para entender por qué una minoría numéricamente marginal puede influir en maniobras militares, reordenamientos regionales y pactos encubiertos que difícilmente aparecen en comunicados diplomáticos.
La fugaz consolidación de Ahmed al-Sharaa, más conocido como Abu Mohammad al-Jolani, ha dado un vuelco. Lo que hasta hace semanas parecía la coronación de un ciclo yihadista transformado en gobernanza, hoy se derrumba ante la evidencia de su exilio, según reportes recientes, Jolani ha abandonado Damasco tras una cadena de reveses militares, diplomáticos y simbólicos. Su paradero aún no ha sido confirmado, aunque fuentes extraoficiales señalan que podría haber buscado refugio en Qatar o Turquía, bajo condiciones pactadas con sectores que alguna vez financiaron su ascenso.
Su llegada al poder, a fines de 2024, no fue una revolución popular ni una transición democrática, sino el desenlace de un realineamiento interno dentro del ecosistema yihadista sirio. Con el respaldo de mercenarios y células extremistas recicladas de Al Qaeda y el Estado Islámico, Jolani logró tomar Damasco. Pero lo que comenzó como una promesa de estabilización, rápidamente degeneró en purgas internas, represalias sin brújula y fracasos estratégicos.
Uno de esos fracasos tiene nombre propio «Suweida». Allí, la comunidad druza no solo resistió, sino que desnudó las limitaciones tácticas y políticas del nuevo régimen. Los druzos, herederos de una tradición religiosa cerrada y de una memoria política transversal, no cayeron en la narrativa binaria de «con nosotros o contra nosotros». Su neutralidad activa y su capacidad de tejer alianzas inesperadas los convirtió en un obstáculo real.
Entre enero y abril de 2025, se registraron enfrentamientos entre milicianos leales a Jolani y grupos locales druzos, el resultado fue humillante para el nuevo poder. Las bajas se acumularon en filas gubernamentales, y el territorio montañoso volvió a ser un refugio inexpugnable para la disidencia.
El precio político fue inmediato. Israel intervino de forma selectiva, alegando la protección de minorías, y bombardeó posiciones vinculadas a HTS. La narrativa de Jolani como interlocutor válido ante Washington, Bruselas y Tel Aviv se desplomó. Los pactos secretos que se tejían comenzaron a hacer agua, y con ellos, la legitimidad artificial de un régimen que se construyó sobre las ruinas del anterior.
La tesis que ahora cobra fuerza en círculos discretos de poder es que, existe un acuerdo tácito entre Jolani y Tel Aviv, para encubrir colaboraciones pasadas durante la guerra siria, eliminar testigos incómodos y facilitar una transición donde el nuevo régimen se presente como “moderado”. Pero la realidad demostró que limpiar la historia no es tan sencillo. Los druzos, con sus redes de información oral, sus archivos comunitarios, y su persistente ambigüedad estratégica, se han convertido en testigos incómodos.
En ese contexto, la salida de Jolani de Damasco no es solo una caída personal: es un síntoma del límite que encuentra todo intento de reorganizar Siria sin contar con las lógicas profundas del territorio. El código druzo, con su ambivalencia teológica y su resiliencia política, sigue operando como una anomalía frente a los poderes que buscan linealidad, obediencia o exterminio.
El nuevo vacío de poder vuelve a abrir interrogantes. ¿Quién ocupará Damasco? ¿Cuál será el rol del Eje de la Resistencia? ¿Volverán los druzos a sellar pactos con Hezbolá, Irán o incluso con remanentes baasistas? Lo único cierto es que en medio de estas ruinas, los actores más silenciosos son los que sostienen las llaves de futuro.
*Corresponsalía Milano / Alfonso Ossandón Antiquera / Béa Powels*
© Diario La Humanidad – Julio 2025
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