Bolivia: Un Pueblo en Lucha
indígenas bolivianos piden-la renuncia del presidente
El regreso de las viejas élites y la sombra de un pasado que nunca desapareció
NOTA: Andrés Silva, Diario La Humanidad
Montevideo, Uruguay
La historia de Bolivia parece empeñada en recordar que cada vez que los sectores indígenas, campesinos y populares avanzan en la conquista de derechos y espacios de poder, las élites tradicionales reaccionan para recuperar los privilegios perdidos.
Hoy, mientras el país atraviesa una nueva etapa política marcada por el ascenso de fuerzas conservadoras y liberales, los movimientos sociales y organizaciones campesinas observan con preocupación señales que les resultan demasiado familiares. En las calles vuelven a verse escenas de violencia contra campesinos e indígenas. Las imágenes de enfrentamientos, agresiones y represión evocan recuerdos que parecían pertenecer a otro tiempo, pero que permanecen grabados en la memoria colectiva de Bolivia.
Para comprender el presente es necesario regresar a 2006, cuando Evo Morales se convirtió en el primer presidente indígena de la historia del país luego de ganar las elecciones el 18 de diciembre de 2005 con el 54% de los votos. Su llegada al poder representó una transformación profunda del Estado boliviano. Millones de indígenas, campesinos y trabajadores que durante siglos habían sido excluidos de las decisiones nacionales pasaron a ocupar un lugar central en la vida política.
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La reacción de los sectores tradicionales fue inmediata.
Los departamentos de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija, agrupados en lo que se conoció como la Media Luna, se transformaron en el principal núcleo de resistencia al proyecto impulsado por Evo Morales. Bajo la bandera de la autonomía regional, importantes sectores empresariales, terratenientes y organizaciones cívicas desarrollaron una estrategia de confrontación que puso al país al borde de la fractura territorial.
Aquellos años estuvieron marcados por episodios de violencia que hoy muchos bolivianos recuerdan con indignación. Campesinos e indígenas fueron torturados públicamente, humillados y perseguidos en diversas ciudades del oriente boliviano. En algunos lugares, el simple hecho de vestir ropa tradicional o identificarse con organizaciones campesinas podía convertir a una persona en blanco de ataques racistas extremistas.
La disputa no era únicamente quién tenía derecho a gobernar Bolivia.
Por primera vez en la historia republicana, los sectores históricamente marginados habían desplazado a las élites tradicionales del centro del poder.
Sin embargo, mientras se desarrollaba esa confrontación, Bolivia experimentaba uno de los períodos de mayor crecimiento económico de toda América Latina. Durante los gobiernos de Evo Morales, el país registró tasas de crecimiento que durante varios años estuvieron entre las más altas de la región. La pobreza y la pobreza extrema descendieron significativamente, mientras el Estado incrementó su capacidad de inversión social gracias a la nacionalización de sectores estratégicos, especialmente los hidrocarburos. Diversos análisis económicos coinciden en que Bolivia atravesó un ciclo de estabilidad y expansión sin precedentes en su historia reciente.
Durante más de una década, la inflación permaneció controlada, el desempleo disminuyó y el crecimiento económico permitió mejorar las condiciones de vida de millones de personas. Para amplios sectores populares, aquellos años demostraron que era posible construir un modelo alternativo al neoliberalismo que había dominado la región durante las décadas anteriores pero que además era un dirigente cocalero quien estaba al frente de este Gobierno.
Fue en ese contexto que surgió uno de los episodios más oscuros de la crisis de la Media Luna.
En 2009, las autoridades bolivianas desarticularon una célula terrorista liderada por Eduardo Rózsa-Flores, un mercenario de los conflictos balcánicos de triple nacionalidad, Croata, Húngaro y Boliviano que mantenía vínculos con sectores del autonomismo cruceño. Rózsa-flores fue contratado por Branko Marinkovic también con descendencia Croata, que en ese momento era el presidente del comité cívico de santa cruz, pero también estuvieron involucrados: Luis Alberto Hurtado Vaca, Alejandro Melgar, Hugo Achá y Enrique Vaca Pedraza, este grupo se encargó de financiar con dinero, logística (alojamiento, transporte y armas) el último oficiaba como enlace directo entre el mercenario y ellos.
El mercenario ingreso al país bajo la fachada de instalar un campo de paintball, pero su presencia en el Bolivia tenía como objetivo crear células terroristas dispersas por el país para crear una guerra civil y separatista promovida desde la media luna entre 2007, 2008 y 2009.
El Gobierno boliviano logró identificar la presencia Rózsa-Flores en su teritorio, cuando fueron a detenerlo al hotel en donde se hospedaba, se resistió con armas de guerra, murió durante el enfrentamiento, en el operativo policial realizado en Santa Cruz fueron dados de baja dos personas más del grupo de Rózsa-Flres.
Casualmente EE.UU. en ese momento designo a Philip Goldberg en su embajada de Bolivia, Goldberg experto en separatismo estuvo designado en lugares como: Yugoslavia, Serbia, Kosovo y Serbia y Montenegro lugares en donde puso todo su conocimiento al servicio.
La confrontación entre el proyecto popular encabezado por Evo Morales y las élites regionales continuó durante años, hasta desembocar en la crisis de 2019.
La OEA y el Golpe
Las elecciones de aquel año en las que la OEA de la mano de Luis Almagro genero un manto gris para derrocar a quien había ganado las elecciones que fue Evo Morales, fueron seguidas por una escalada de protestas, presiones políticas, motines policiales y la intervención de las Fuerzas Armadas para generar una crisis institucional. Finalmente, Morales que estaba siendo víctima de un golpe de estado renunció a la presidencia para cuidar a su pueblo y salió del país.
El gobierno de facto encabezado por Jeanine Áñez estuvo marcado por una fuerte resistencia popular. Las masacres de Sacaba y Senkata se convirtieron en símbolos de aquel período. Informes internacionales del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) documentaron graves violaciones de derechos humanos, incluyendo uso desproporcionado de la fuerza, torturas, persecución política, ejecuciones extrajudiciales, una dura represión que causo arias decenas de muertos y centenares de heridos. El propio GIEI calificó los hechos de Sacaba y Senkata como masacres.
Fueron documentados actos de violencia racista dirigidos contra pueblos indígenas y mujeres indígenas durante el Golpe de Estado.
También fue asesinado en los primeros momentos del Golpe de Estado el periodista Argentino amigo y compañero de este medio, Sebastián Moro, a quien torturaron y abandonaron posteriormente en la puerta de su casa inconsciente muriendo unos días después en el hospital. Sebastián fue asesinado por denunciar sistemáticamente que la derecha venía preparando un golpe de estado y tenía razón. Su aso sigue impune.
Muchos movimientos sociales sostienen que aquel período representó el retorno temporal de sectores que nunca aceptaron la transformación política iniciada en 2006.
Hoy, en medio de una nueva etapa de gobiernos alejados del proyecto político que representó Evo Morales, resurgen temores similares. Organizaciones campesinas e indígenas denuncian que los grandes grupos económicos vuelven a concentrar influencia sobre las decisiones estatales, mientras las demandas populares son desplazadas por políticas de ajuste, liberalización económica y fortalecimiento de antiguos centros de poder.
Para quienes vivieron las luchas de las últimas dos décadas, el conflicto actual no se reduce a una disputa electoral.
Se trata de una batalla por la memoria histórica.
Por un lado está el recuerdo de un país que redujo la pobreza, fortaleció el papel del Estado y colocó a indígenas y campesinos en el centro de la vida política nacional, llevando a Bolivia a vivir los mejores 14 años de su historia.
Por otro, la persistencia de estructuras económicas, sociales y culturales que nunca aceptaron esa redistribución del poder.
Bolivia vuelve a encontrarse ante una encrucijada mortal al igual que varios países de la región en donde las garras de la bestia imperial vuelven por nuestros recursos.
Y como tantas veces en su historia, la pregunta fundamental sigue siendo la misma, quién gobierna realmente el país y para quién se ejerce el poder.
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