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Venezuela en el centro del tablero energético

¿Será el nuevo regulador del precio del petróleo?


NOTA: Andrés Silva, Diario la Humanidad

Montevideo – Uruguay


El mercado petrolero ya no es lo que era

Desde principios del siglo XX hasta hoy, el mercado del petróleo ha sido uno de los motores fundamentales del poder global. Las grandes guerras, las caídas de gobiernos, los ascensos geopolíticos y las hegemonías económicas han estado intrínsecamente ligadas al control de este recurso. Sin embargo, en 2025, el tablero energético mundial atraviesa una mutación, mientras se habla de energías verdes en los foros de Bruselas y Nueva York, el petróleo sigue siendo el combustible del poder, y en esta nueva etapa Venezuela comienza a perfilarse como el actor inesperado que podría influir decisivamente en el precio global del crudo.

La pregunta ya no es si Venezuela puede ser un proveedor relevante, sino si está a punto de transformarse en un regulador estratégico del mercado petrolero internacional.

El escenario internacional de multipolaridad, sanciones y dependencia

En el último quinquenio, la geopolítica global ha vivido una transformación acelerada, la guerra en Ucrania, la ruptura de la cadena de suministro global durante la pandemia, la pérdida de hegemonía de Estados Unidos, y el crecimiento de alianzas no occidentales como los BRICS+ han generado un escenario de multipolaridad energética.

Mientras la OPEP+ dominada por Arabia Saudita y Rusia mantiene una estrategia de recortes coordinados, Estados Unidos ha intentado contrarrestar su influencia con producción interna de shale, presión diplomática y militar sobre países productores. Sin embargo, las reservas estratégicas de crudo norteamericanas están en mínimos históricos, y su producción enfrenta límites ecológicos, técnicos y políticos.

En este contexto, Venezuela aparece como un actor clave, no sólo por sus reservas, las más grandes del mundo, sino por su reposicionamiento político global.

Fin de las sanciones y regreso a la mesa global

Las sanciones impuestas por EE.UU. y la Unión Europea al gobierno de Nicolás Maduro tras la crisis política generada por ellos mismos en 2019, habían dejado a PDVSA aislada, colapsada y con su infraestructura bastante dañada. Sin embargo, los intereses económicos prevalecieron. Washington se ha visto obligado a flexibilizar su política de “máxima presión” al constatar que necesita petróleo venezolano para estabilizar el mercado y contener la inflación doméstica.

Empresas como Chevron, Repsol y ENI ya han retomado operaciones en el país, y detrás del telón, hasta compañías chinas y rusas refuerzan su presencia. Venezuela, lejos de ser un Estado paria, vuelve a ser cortejada. El petróleo venezolano no solo vuelve al mercado, vuelve con poder de negociación.

Producción, infraestructura y control del precio

Pese a lenta recuperación de la infraestructura de su industria, Venezuela tiene la capacidad técnica de elevar su producción a más de 3 millones de barriles diarios quizás, en mucho menos de cinco años, si se le inyecta inversión extranjera y se asegura el suministro de insumos clave o la autoproducción de los mismos. Las proyecciones más conservadoras hablan de un salto a 1,5 millones de barriles en 2025, lo cual ya representa un factor de peso en la ecuación global, considerando que el mercado opera con márgenes muy ajustados y cualquier incremento (o disminución) impacta directamente en los precios.

Pero más allá del volumen, lo crucial es cuándo y cómo se pone ese crudo en circulación. Venezuela, con una alianza táctica con Rusia e Irán dentro de la OPEP+, puede jugar al equilibrio entre oferta y demanda para proteger un precio mínimo de entre 80 y 90 dólares por barril. Si los saudíes recortan, Venezuela aumenta. Si la demanda se dispara, Caracas puede estabilizar. Ese margen de maniobra convierte a Venezuela en una especie de “regulador de facto” del precio.

¿Regulador contra quién?

La nueva posición venezolana tiene implicancias que desbordan lo energético. No se trata solo de precios, sino de poder político internacional. Maduro, fortalecido internamente y legitimado por acuerdos de Barbados y negociaciones con la oposición, se posiciona como interlocutor válido. Mientras tanto, EE.UU. y Europa entran en un dilema, necesitan petróleo para frenar a Rusia, pero si apuestan al venezolano, legitiman un modelo de resistencia política al bloqueo occidental.

En este contexto, el petróleo venezolano se transforma en un instrumento de autonomía estratégica, no solo para Caracas, sino también para bloques emergentes como los BRICS+ o incluso países africanos endeudados que buscan romper con el orden financiero occidental.

El retorno del Sur energético

En un mundo donde el petróleo sigue siendo el combustible del poder, Venezuela está recuperando el centro del tablero. Ya no como un simple exportador periférico, sino como pieza clave para el equilibrio global de precios y para la redefinición del orden geopolítico.

En medio del colapso climático, el fin del unilateralismo occidental, y el ascenso de una nueva arquitectura internacional, Venezuela no solo produce petróleo, va reafirmando la producción de soberanía.

Algunos puntos para entender el contexto:

  • Reservas venezolanas: más de 300.000 millones de barriles, las mayores del mundo.
  • Producción actual (2025): ronda los 900.000 a 1.000.00 de barriles diarios.
  • Capacidad ociosa: al menos 2 millones de barriles diarios.
  • Proyección de precio Brent: $85 a $100 por barril en 2025-2026.
  • Alianzas geoestratégicas: OPEP+, Rusia, China, Irán, BRICS+.
  • bloqueo: aún persiste.

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Los artículos del diario La Humanidad son expresamente responsabilidad del o los periodistas que los escriben.

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