OTAN y Hollywood: la nueva guerra narrativa que busca influir en la opinión pública global
Las reuniones secretas entre la OTAN, guionistas y productores reavivan el debate sobre propaganda, guerra híbrida, inteligencia artificial y control del relato en plena crisis geopolítica por Ucrania.
Nota: Diario La Humanidad – Alfonso Ossandon
Corresponsalía – Milano – Italia
La OTAN ya no solo opera en el terreno militar: ahora también entra en el universo del cine y las series. Revelaciones sobre encuentros discretos con guionistas en Los Ángeles, Bruselas y París abren una inquietante discusión sobre propaganda, guerra cognitiva, inteligencia artificial y manipulación narrativa en Occidente. En un contexto marcado por la guerra en Ucrania, la batalla por el control de la percepción pública se convierte en un frente estratégico clave para las potencias globales.
La OTAN entra en el guion: cuando la guerra se escribe antes de rodarse
No es un rumor ni una teoría difusa. Es un dato: la OTAN se está sentando a hablar con quienes escriben las historias que luego verá el mundo.
Según reveló The Guardian, ya ha habido encuentros en Los Ángeles, Bruselas y París. No ruedas de prensa, no foros públicos: reuniones discretas con guionistas, productores y profesionales del audiovisual.
Y no se detiene ahí: el siguiente encuentro será en Londres, con miembros de la Writers’ Guild of Great Britain.
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El tema oficial suena neutro: “la evolución de la seguridad en Europa”.
Pero el contexto lo vuelve explosivo.
Porque estas conversaciones llegan en un momento en que Occidente enfrenta conflictos largos, desgastantes, sin narrativa clara de victoria en escenarios como Ucrania. Cuando el terreno no ofrece certezas, el relato se convierte en terreno estratégico.
Y ahí aparece la pregunta clave:
¿qué ocurre cuando una alianza militar entra en contacto directo con quienes construyen el imaginario colectivo?
No se trata de censura explícita. Nadie dicta un guion con sello oficial.
Se trata de algo más sutil y, por ello, más eficaz: influencia, encuadre, orientación.
El propio artículo menciona que de estos encuentros ya habrían surgido “tres proyectos distintos”. No se sabe si serán películas, series o formatos híbridos. Lo que sí se sabe es que el puente ya está construido: defensa y ficción empiezan a compartir mesa.
Figuras como James Appathurai, vinculadas a estrategias híbridas y cibernéticas, no aparecen en este contexto por casualidad. Hoy la guerra no se limita al campo de batalla. También se libra en la percepción, en la emoción, en la forma en que una audiencia global interpreta los hechos.
El guionista Alan O’Gorman lo ha llamado por su nombre: propaganda.
Otros preferirán términos más suaves: colaboración, diálogo, intercambio.
Pero el problema no es semántico.
Es estructural.
Porque el cine no solo refleja la realidad: la organiza. Decide qué es comprensible, qué es justificable, qué es inevitable. Y cuando actores con intereses estratégicos entran en ese proceso, la frontera entre creación y comunicación política empieza a desdibujarse.
El precedente existe. Durante décadas, el complejo militar estadounidense ha colaborado con la industria audiovisual, condicionando representaciones a cambio de acceso y recursos.
La diferencia ahora es el momento histórico: una fase de cuestionamiento global, donde la credibilidad es un recurso escaso.
Por eso esta iniciativa no pasa desapercibida.
Porque no llega en un momento de confianza, sino en uno de sospecha.
Y cuanto más se intenta influir en el relato, más evidente se vuelve que el relato importa.
La paradoja final es incómoda:
si necesitas intervenir en cómo se cuentan las cosas, es porque ya no controlas del todo lo que está ocurriendo.
Y entonces el cine deja de ser solo arte o industria.
Se convierte en un frente más.
Un frente donde no se dispara.
Pero donde se decide qué significa todo lo demás, todo con lo más selecto de la implementación semiótica y cognitiva de la IA aplicada a control mental.
Corresponsalía Milano / Alfonso Ossandón Antiquera / © Diario La Humanidad
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