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Moscú inauguró la Cumbre de la Moda BRICS+ con la participación de 65 países y la atención internacional se dirigió a una pregunta incómoda para las cancillerías europeas: ¿puede la moda escapar a la lógica de la confrontación política? La presencia de exponentes italianos fue una respuesta clara.

Nota: Diario La Humanidad  Alfonso Ossandón – Corresponsalía Milano- Italia

Milán, capital indiscutida del diseño europeo, no quiso dejar pasar la oportunidad de abrir un puente con mercados que crecen al ritmo de Asia, Medio Oriente, África y América Latina. El programa oficial del encuentro incluyó una sesión especial con la feria White Milano, uno de los escaparates más influyentes de la industria italiana.

La señal es evidente: Italia busca alianzas y sabe que el futuro de las colecciones y del consumo pasa por los nuevos centros económicos.

Durante tres días, diseñadores, compradores y representantes institucionales debatieron en Moscú sobre la descentralización del sistema de la moda, hasta ahora concentrado en unas pocas capitales occidentales. El ambiente, lejos de las tensiones diplomáticas, estuvo marcado por desfiles, encuentros nocturnos y espacios de cooperación que integraron tanto a la gran industria como al trabajo artesanal.

La Unión Europea ha insistido en prolongar un clima de aislamiento hacia Rusia, pero la Cumbre mostró los límites de esa estrategia. El empeño en sostener la rusofobia no impidió que casas italianas, españolas o estadounidenses se sentaran en la misma mesa con creadores de China, India, Sudáfrica o Brasil. Lo que prima en el sector es la visión de futuro, la necesidad de abastecer a un público global y el interés por compartir saberes técnicos y creativos.

Para Italia, la apuesta tiene sentido. El artesanado del Véneto o la tradición textil de Lombardía pueden encontrar en los mercados BRICS un espacio para crecer y diversificarse, sin perder identidad. Y para los países anfitriones, la interlocución con Milán significa acceso a estándares de calidad y a una de las tradiciones más prestigiosas de la moda mundial.

Moscú se convirtió así en escaparate y laboratorio. Mientras las cancillerías discuten sanciones, la moda demostró que el intercambio cultural y económico no se somete a fronteras ideológicas. Lo que se vio en las pasarelas y en las rondas de negocio fue el fracaso de la rusofobia como cerco cultural. En su lugar emergió la certeza de que la moda se nutre del mestizaje, de la apertura y de la búsqueda compartida de belleza y funcionalidad.

Italia lo entendió bien. Entre bastidores, más allá de la retórica política, la moda ya camina hacia donde están los consumidores del futuro. Y allí, en la Cumbre BRICS+ de Moscú, se dejó claro que ese camino no admite bloqueos.

Corresponsalía Milano / Alfonso Ossandón Antiquera / © Diario La Humanidad

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