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Chile ante el espejo: memoria histórica, democracia y el regreso de la extrema derecha

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La invisibilización de la dictadura, el pinochetismo y una democracia que avanza con una percepción histórica incompleta explican el auge de la extrema derecha en Chile.

Nota: Diario La Humanidad – Alfonso Ossandon

Corresponsalía – Milano – Italia

Chile enfrenta hoy una crisis silenciosa de memoria histórica. Mientras la democracia funciona en lo formal —elecciones, debate público, institucionalidad—, una parte fundamental de su historia reciente permanece fuera del campo de percepción colectiva. La violencia de la dictadura, los desaparecidos y el trauma del pinochetismo no han sido negados, sino invisibilizados. Esta amnesia funcional ayuda a entender el avance de la extrema derecha en Chile, no como un fenómeno aislado, sino como el síntoma de una democracia que se mira al espejo sin verse completa.

Chile ante el espejo: la democracia que se afeita solo media cara

Hay una escena inolvidable en The Man Who, la obra de Peter Brook basada en los casos neurológicos de Oliver Sacks. Un hombre se afeita con cuidado, método y pulcritud. El gesto es correcto. El ritual está completo. El problema es que solo se afeita una mitad del rostro. La otra no existe para él. No porque esté ausente, sino porque ha quedado fuera de su campo de percepción. El diagnóstico es preciso: heminegligencia. Una patología neurológica en la que el sujeto no registra una parte de su propio cuerpo ni del espacio, sin angustia, sin duda, sin conciencia de la pérdida.

Esa escena —brutal en su simplicidad— ofrece hoy una metáfora inquietante para comprender a Chile.

Chile no ha olvidado su historia reciente.

La ha parcializado. Ha aprendido a ver solo lo que no duele, solo lo que no desordena el presente.

La violencia de la dictadura, la tortura, los desaparecidos, el terror cotidiano, no han sido borrados: han sido desplazados fuera del campo de lo visible. Como en la heminegligencia, no hay negación explícita; hay algo más eficaz y más peligroso: invisibilización funcional.

El país se mira al espejo democrático y se percibe completo. Vota, debate, polemiza. Pero lo hace con una percepción histórica mutilada.

La emergencia electoral de una extrema derecha pinochetista no es un accidente ni un exabrupto irracional. Es un síntoma. Aparece allí donde la memoria colectiva no ha sido integrada, elaborada, atravesada.

El pinochetismo no vuelve como recuerdo, sino como déficit de percepción histórica. No necesita justificar la violencia: le basta con no verla.

Así opera la patología:

No se dice “eso no ocurrió”.

Se actúa como si no estuviera ahí.

Cuando la memoria no se trabaja, retorna como gesto político.

Esta lectura es incómoda porque no exonera a nadie. El pueblo chileno ha sido históricamente víctima de la violencia estatal, pero hoy aparece también como sujeto escindido.

Como el enfermo de Brook, cree haber completado el acto —el voto, la decisión soberana— sin advertir que lo hace desde una percepción incompleta del propio cuerpo histórico.

No hay aquí locura ni maldad esencial. Hay cansancio, miedo, deseo de orden.

Y sobre todo, una memoria que descansa, que se repliega para sobrevivir.

“La memoria solo descansa y se reencuentra en la sorpresa”.

La frase no es literaria: es ontológica. La memoria no permanece disponible; acontece. Solo emerge cuando algo irrumpe y rompe la anestesia perceptiva. El problema es que, cuando la memoria colectiva se activa solo por la vía de la sorpresa, esa sorpresa suele ser violenta.

Chile no recuerda: reacciona. Y toda reacción tardía es peligrosa.

Una democracia que no ve toda su historia no es una democracia fallida, pero sí una democracia neurológicamente lesionada.

Funciona.

Se mueve.

Decide.

Pero lo hace ignorando una parte de sí misma.

Y ningún cuerpo político puede sostenerse indefinidamente negando la mitad de su rostro.

El espejo está ahí.

La pregunta es si Chile está dispuesto, por fin, a verse entero.

Y lo revelador, y terrorífico , de la escena de The Man Who,  sin quererlo nos muestra, que si no hay  una camara y  pantalla que lo registre, real, brutal, y desenfadado, lo presente con precisión, seguirá, ahí  «la maldición del winka chileno». 

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Alfonso Ossandón Antiquera  – Desde Italia /  Corresponsalía Milano / © Diario La Humanidad 

OSSANDÓN – participó en los talleres seminario que Peter Brook realizó  el año 1993 en Bélgica, siendo estudiante de Dirección de Actores del INSAS , asignado a trabajar con Yoshi Oida actor de la escena, quién fue su maestro en ese entonces.

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Imagen: Cristobal Basaure Araya/SOPA Images via ZUMA Press Wire/dpa

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