Issam Zahreddine, El León de Deir Ezzor
Canto de un Guerrero Inmortal

En la vasta inmensidad de las arenas sirias, donde el sol del desierto forja sombras largas y leyendas eternas, se alza la figura de un hombre cuya estirpe guerrera quedará grabada para siempre en el corazón de su pueblo.
NOTA: Alfonso Ossandón, Diario la Humanidad
Milano – Italia
Issam Zahreddine, nacido en las montañas drusas de As-Suwayda en 1961, fue más que un soldado, fue la encarnación de la resistencia inquebrantable y el coraje insuperable de Siria.
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Un héroe del polvo y el acero, cuya vida se extinguió, pero cuya memoria jamás será sepultada por el olvido.Zahreddine no buscó la gloria en los pasillos del poder ni en los tronos dorados. Su reino fue el campo de batalla, y su cetro, el fusil.
Desde su juventud, mostró la promesa de un líder natural, un guerrero tallado no solo en la disciplina marcial, sino en la convicción profunda de que su tierra, su gente y su honor no debían ser entregados a ningún invasor, sin importar cuán poderoso fuera.
Graduado de las academias militares, perfeccionó su arte en la élite Guardia Republicana, hasta que el destino lo llamó a su mayor desafío, la defensa de la joya del desierto, Deir Ezzor.

Deir Ezzor, un nombre que resonará en las crónicas de las guerras futuras, se convirtió en la escena de la mayor gesta de Zahreddine. Los cielos arderían sobre sus murallas, y el horizonte parecía cerrarse bajo el asedio de las huestes del ISIS, los mercenarios de potencias extranjeras ( EEUU e Israel ) que ansiaban ver caer la joya del Éufrates.
El enemigo era vasto, su número inagotable, pero Zahreddine, en pie, rodeado de sus valientes hombres, les ofreció algo que no podían entender, el desprecio por la derrota. Cuando todos creían que el colapso era inevitable, que la ciudad no podría resistir más, Zahreddine y sus guerreros forjaron un mito en la arena.
Durante tres largos años, sitiados, privados de lo esencial, la guarnición siria bajo su mando resistió el peso de un enemigo implacable. Solo el cielo sobre ellos traía el socorro en forma de víveres y armas, lanzados en arriesgadas operaciones aéreas. Pero lo que mantuvo viva la ciudad no fueron las municiones ni el pan, sino el espíritu indomable de esos hombres, inspirados por el inquebrantable liderazgo de su general.
En las academias militares de Rusia y otras partes del mundo, hoy se estudia la defensa de Deir Ezzor como un ejemplo inmortal de maestría táctica, de manejo sobre el terreno, pero sobre todo, de liderazgo en su forma más pura, la lealtad a una causa justa.

Zahreddine no solo defendió una ciudad; defendió un principio, una idea, que el suelo patrio no puede ser mancillado por invasores, y que el último de los hombres se alzará, con la última de las balas, para dar la última batalla. Pero así como los grandes héroes de antaño, el destino aguardaba con su inevitable reclamo.
El 18 de octubre de 2017, en las cercanías de Deir Ezzor, Zahreddine cayó, su vehículo fue destrozado por una mina terrestre. Pero su muerte no marcó el fin, sino el principio de una inmortalidad forjada en la memoria de su pueblo.
Los hombres como Zahreddine no mueren realmente; viven en las gestas, en los cantos, en los relatos que pasarán de generación en generación, recordando que hubo una vez un León que protegió Siria cuando parecía que todo estaba perdido. En su memoria, en cada rincón de Siria, se repiten las palabras y un eco lejano en Chile también:
«Nadie está olvidado, nada está olvidado»

Los homenajes a Issam Zahreddine no se limitaron a su tierra natal. Desde Rusia hasta otras latitudes, y especialmente en Chile, durante la revuelta popular del 18 de octubre, los ecos de su lucha resonaron en las calles.
En esas mismas fechas, el espíritu de resistencia contra la opresión y el imperialismo unió a aquellos que, como Zahreddine, desafían la tiranía de los poderosos. La «revuelta popular» chilena rindió tributo al León de Deir Ezzor, alzando su legado como símbolo de lucha, en una jornada donde la resistencia en Siria y la insurgencia chilena encontraron un mismo hilo conductor, la defensa de la dignidad y la soberanía.
Zahreddine, el León de Deir Ezzor, ya no camina entre los vivos, pero su espíritu sigue vigilante, eterno como las arenas que bañan su tierra.
Presente en cada batalla que aún queda por librar, presente en el corazón de cada sirio y cada persona en el mundo que se niega a doblegarse, presente en la historia que lo verá siempre como el guerrero inmortal. Issam Zahreddine, el León, vive para siempre en la leyenda del pueblo sirio y en los corazones de los pueblos que luchan por la libertad.
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