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En la poesía hay un sendero de vida

Miguel Ramón Utrera

Texto de Ricardo Chitty sobre la poesía de Miguel Ramón Utrera

En la poesía hay un sendero de vida y recorrerlo es una transmutación constante en la palabra y en el poeta. Se transmuta la palabra para mostrar ese poder poético de la realidad y se trasmuta el poeta para convertir n la alabra y en el oeta. Se transmuta la alabra ara mostrar ese oder oetico de la realidad y se trasmuta el oeta arasu sensibilidad en un vehículo de la palabra y de la realidad. El sendero continúa y esta relación teje la vida.

NOTA: Ricardo Chitty, Diario la Humnaidad

Caracas, Venezuela

El tejido es la poesía, pues sostiene a la vida como una celebración, aun el dolor, restableciendo un mensaje coincidente entre lo humano y lo experimentado en las exigencias y en los compromisos.

El sendero exige y la poesía exige ser el latido de la palabra, es una exigencia viable para el poeta, quien muestra esa relación como si fuera él mismo que se mostrara. Miguel Ramón Utrera es un sendero y profetiza el recorrido en una especie de aprehensión espacial de un mundo donde la acción humana ocupa un territorio, lo bautiza con su quehacer encomendando a la exposición de una voz que lo muestra; muestra al hábito de la “comarca” y muestra la piel de lo que florece y deshoja en la tierra.

Su estadio le permite ver lo que experimenta como una revelación de la realidad. Es como si elevara lo evidente y cotidiano de lo local. Su estadio es un estado poético que trashuma un elevador natural que usa la palabra como estribo o como pluma o como gubia que remarcan las señas emitidas desde lo que percibe. No es “nativismo” o no es simplemente un nativismo, se trata, más bien, de una relación poética con la realidad. Podemos, incluso, decir que le hubiese ocurrido igual en el espacio urbano, tomando esa realidad y transmutándola igualmente como una forma de celebrar su relación con el entorno, con la gente que vive en ese entorno, pues para él lo importante es la relación poética con lo circundante y con la gente que lo habita.

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Está claro que nunca quiso ser representante de alguna tendencia, pero el hecho de representar el entorno, permitió a nuestra critica ubicarlo como nativista, es decir, exultante de lo nativo, pero, al mismo tiempo, se pasó por alto el que utilizase la palabra como una forma de transmutarla, de convertirla en imagen y en imagen metafórica creativa, lo que lo aleja de la tradición o le da otra dimensión a la tradición.

Su creatividad es determinante para ocuparse de cualquier denominación o tendencia, aunque uno reconoce la idea de hacer una clasificación para orientar y para darle una estructura al movimiento poético venezolano, especialmente, entre los años treinta y cincuenta. Sin embargo, cuando vamos a su obra nos damos cuenta de lo particular de su propuesta que, llegado el momento, nos obliga a verlo como un nativista o como un localista, sino como un poeta que, desde lo local, desborda la geografía convirtiéndola en un punto de apoyo para un vuelo indescifrable y que nos representa como venezolanidad sin trajes típicos.

Desde un principio, me di cuenta de su gran afinidad con procedimientos de la poesía China y de la poesía japonesa, ya que había supuesto que su actitud provenía de una relación meditativa contemplativa que habría aprendido de los poetas romanticistas  y que había profundizado con la tradición poética oriental, convirtiéndose esa sospecha en algo concreto al confirmar que, efectivamente y según el maestro pintor Manuel Quintana Castillo, quien fuese amigo suyo y contertulio frecuente, el que Miguel Ramón era un ferviente admirador de la poesía del extremo oriente. Su talante era afín a esa tradición e, igualmente, se propuso realizar una exploración que actualizaba su obra, hasta el punto en el que, antes de que existiera la post vanguardia europea, ya él había asumido una posición pos vanguardista en pleno desarrollo y expansión de las vanguardias. Como ya he notado en otros autores venezolanos; lo precursor nos ha acompañado desde Andrés Bello, desde Simón Rodríguez y Utrera aporta un nuevo hecho en ese sentido, antes que un Keneth White o de un Mark Strand y en simultaneo con René Char.

Muestra

¿De quién es esta sombra? Preguntamos.

Nadie responde. En el ocaso, apenas,

se divisan los humos del verano.

La sombra no se aleja.

La vemos caminar a nuestro lado.

Estrofa tomada del poema “Ha pasado una sombra”, del poemario “Nocturnal” (1.936, 1.940)


Noches de lumbres dormidas

y de rumores intactos.

Ríos de luna retumban

a las puertas del ocaso.

Ríos de luna retumban

de azules ondas ornados,

mientras la sombra furtiva

desata velas de cantos.

 Viajera de blancas sendas,

La lluvia busca su barco.

Extracto del poema “Balada de la lluvia perdida”, del poemario “Rescoldo” (1.936, 1944)


 El bosque fugaz

puede convertirse en ave

el azahar de la niebla.

El humo puede tocarse

su arquitectura viajera.

Pero es una fronda blanca,

suave, puro, blanca y fresca:

un bosque frágil que huye

del vaho gris de la tierra.

Puede convertirse en ave

al azahar de la niebla.

Poema completo del poemario} “Testigos del alba” (1.956)


 

Columpios del aljófar

el sol ha estrenado;

sus garras de sed

perdiera el verano.

Corre el arroyuelo

entre los sembrados:

—¡Viniste tan pronto! —

Cantan los rebaños.

A sendas de nácar

pasos aromados!

Extracto del poema “Ronda del arroyuelo”, del poemario “Rescoldo” (1936, 1944)


 

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