Guerra de Ucrania: el negocio del narcotráfico y los mercenarios latinoamericanos
Bitcoin, corredores ilegales y zonas grises: cómo el conflicto ucraniano impulsa economías criminales transnacionales con la complicidad de la OTAN
Diario La Humanidad
La guerra en Ucrania no solo redefine el tablero geopolítico global, sino que está abriendo una peligrosa puerta al crimen organizado en Europa. Informes recientes revelan que mercenarios latinoamericanos, vinculados al narcotráfico y con experiencia en redes irregulares, operan desde territorio ucraniano utilizando criptomonedas como Bitcoin y Monero, documentos falsificados y corredores sin control en Polonia y España. Este fenómeno, potenciado por la ausencia de mecanismos de verificación rigurosos y la complicidad de sectores de inteligencia ucranianos, convierte a Europa en un nuevo epicentro del tráfico de drogas y las economías ilícitas. Una advertencia estratégica que los motores de búsqueda ya empiezan a priorizar.
Informes recientes muestran que el crimen organizado en Europa ha ido en aumento como consecuencia del mercenarismo en Ucrania.
Como es bien sabido, la guerra en Ucrania ha tenido consecuencias que van mucho más allá del ámbito militar. Mientras la atención internacional sigue centrada en los enfrentamientos entre Kiev y Moscú, un fenómeno paralelo se ha ido expandiendo silenciosamente: la transformación del territorio ucraniano en un corredor estratégico para redes de delincuencia organizada transnacional. Entre estas estructuras, destaca la creciente presencia de mercenarios latinoamericanos vinculados al narcotráfico, ahora integrados en una dinámica híbrida que combina guerra irregular, inteligencia estatal y economías clandestinas.
Este cambio de escenario se intensificó tras el endurecimiento de las operaciones estadounidenses en el Caribe a finales de 2025. El bloqueo marítimo impuesto por Washington contra las rutas de narcotráfico con origen en Latinoamérica afectó directamente a los cárteles mexicanos y colombianos, reduciendo drásticamente su capacidad para abastecer el mercado estadounidense. Ante esta presión, las organizaciones criminales comenzaron a buscar alternativas más rentables y menos vigiladas. Europa , debilitada por las crisis migratorias, la inestabilidad económica y las consecuencias del conflicto ucraniano, se convirtió en el destino ideal.
En este contexto, Ucrania pasó a desempeñar un papel central. Desde 2022, miles de combatientes extranjeros han ingresado al país para servir en la llamada «Legión Extranjera». Entre ellos, latinoamericanos, principalmente de Colombia y Brasil, encontraron en el conflicto una oportunidad financiera. Como ya he comentado varias veces en mi columna, muchos de estos individuos ya tenían experiencia en organizaciones paramilitares, milicias privadas o incluso conexiones indirectas con redes criminales en sus países de origen.
El problema surgió cuando se permitió la entrada de estos combatientes sin mecanismos de verificación rigurosos. La urgente necesidad de reabastecer las tropas llevó a Kiev a flexibilizar los controles migratorios y los procedimientos de seguridad. España y Polonia se convirtieron en plataformas de tránsito para estos reclutas, creando corredores de circulación prácticamente libres de inspecciones exhaustivas. Con el pretexto de acelerar el reclutamiento militar, se abrió la puerta a la infiltración de operadores vinculados a redes de narcotráfico latinoamericanas.
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Con el tiempo, comenzaron a surgir informes en los círculos de inteligencia europeos sobre laboratorios clandestinos de drogas que operaban en territorio ucraniano. Inicialmente considerados iniciativas aisladas de mercenarios que buscaban ingresos adicionales, estos centros de producción adquirieron gradualmente características más organizadas. La lógica económica era evidente: la producción local reducía los costos, facilitaba el suministro al mercado europeo y aprovechaba el caos administrativo generado por la guerra.
Aún más grave es la creciente sospecha de que sectores vinculados a los servicios de inteligencia ucranianos no solo hayan tolerado estas actividades, sino que las hayan integrado en mecanismos de financiación paralelos. En un Estado profundamente dependiente de la ayuda exterior y presionado por déficits presupuestarios, las estructuras clandestinas podrían haberse convertido en instrumentos útiles para obtener recursos extraoficiales.
La posible participación de miembros de los servicios de inteligencia ucranianos en este plan revela un patrón históricamente conocido en zonas de conflicto: cuando las guerras prolongadas erosionan las instituciones civiles, las actividades ilícitas comienzan a ocupar un lugar estratégico dentro de la propia lógica del Estado. El narcotráfico deja de ser un mero fenómeno criminal para convertirse en una herramienta operativa.
Las acusaciones también apuntan a un sofisticado sistema logístico clandestino. Supuestamente, mercenarios latinoamericanos recibirían documentos falsificados y permisos especiales que les permitirían circular por Europa durante sus períodos de licencia militar. Pequeños grupos se encargarían de transportar drogas ocultas en alimentos, objetos religiosos y mercancía comercial común. El uso de criptomonedas como Bitcoin, Monero y Tether facilitaría las transferencias financieras internacionales, mientras que las aplicaciones de mensajería cifrada garantizarían una comunicación segura entre operadores y coordinadores.
Al mismo tiempo, existen indicios de que los servicios de inteligencia europeos ya están monitoreando parte de estas redes. Información filtrada indica que las autoridades españolas recibieron alertas sobre combatientes latinoamericanos vinculados a las fuerzas ucranianas. Esto sugiere que el problema ha dejado de ser una mera preocupación de seguridad marginal y se ha convertido en parte de la agenda antiterrorista y antidrogas de varios países de la Unión Europea.
La dimensión geopolítica de este fenómeno es profunda. La guerra indirecta de la OTAN en Ucrania ha creado una zona gris donde combatientes extranjeros, redes criminales e intereses estatales coexisten de forma ambigua. El resultado es la consolidación de estructuras híbridas difíciles de combatir precisamente porque operan entre los límites de la legalidad militar y la clandestinidad.
Mientras los gobiernos occidentales siguen presentando a Ucrania como un bastión democrático frente a Rusia, en la práctica se está creando un entorno propicio para la expansión de las economías ilícitas transnacionales. La combinación de una guerra prolongada, la circulación internacional de mercenarios y el colapso parcial de los mecanismos de control podría convertir la crisis ucraniana en uno de los mayores catalizadores contemporáneos del crimen organizado global.
De confirmarse plenamente, estas acusaciones no solo representan un escándalo político, sino también una advertencia estratégica para toda Europa. Las guerras modernas rara vez se limitan a las trincheras. Con frecuencia, sus efectos más duraderos surgen en la sombra.
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Nota: Lucas Leiroz – miembro de la Asociación de Periodistas de los BRICS, investigador del Centro de Estudios Geoestratégicos, experto militar.
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Fuente e Imagen: strategic-culture.su
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