Inicio » Contra el doble estándar moral

Ramiro, la memoria y el olvido cómodo del progresismo chileno

Hay silencios que no son inocentes. En el Chile de hoy, donde el discurso de los derechos humanos se ha transformado en patrimonio simbólico de una izquierda domesticada, asistimos a una forma de amnesia cuidadosamente administrada, la que omite deliberadamente a quienes enfrentaron a la dictadura no desde la retórica, sino desde la acción directa, armada, internacionalista y sin concesiones.


NOTA: Alfonso Ossandón Antiquera, Diario la Humanidad

Correspisalía – Milano, Italia


Uno de esos nombres incómodos , por su consecuencia, no por su prontuario, es el de Mauricio Hernández Norambuena, el comandante Ramiro. Su trayectoria, desde el Frente Patriótico Manuel Rodríguez hasta su extradición desde Brasil tras una operación internacionalista, no cabe en el molde narrativo que el progresismo chileno está dispuesto a tolerar.

Se prefiere una memoria ceremonial, inofensiva, desinfectada de todo lo que pueda incomodar a la institucionalidad que heredamos del pinochetismo.

Ramiro no ha sido condenado por crímenes de lesa humanidad, no encabezó centros de tortura ni diseñó planes de exterminio. Fue parte de una organización que decidió tomar las armas cuando todo lo demás había sido clausurado por la fuerza, la censura y el terror estatal.

Hoy, está preso en régimen especial, aislado, castigado por la misma sociedad que fue rescatada, en parte, por personas como él, que pagaron un precio que otros no quisieron o no se atrevieron.

Lo escandaloso no es sólo su encierro, es el silencio de quienes se proclaman defensores de la memoria y los derechos humanos, pero optan por una prudencia estratégica cuando se trata de hablar de presos políticos de izquierda. Esa omisión no es ingenua: es complicidad envuelta en corrección política.

Basta con mirar la candidatura oficialista de Jeannette Jara, heredera de la coalición que dice levantar las banderas de la memoria. ¿Dirá algo sobre Ramiro? ¿Se atreverá a tocar el tema, o mantendrá el guion del cálculo electoral que ha definido a buena parte de la izquierda institucionalizada?

La historia no espera. En la Italia posfascista, se cometió un error que hoy se vive como trauma: la amnistía a los fascistas terminó siendo una amnesia estructural. Hoy, frente al genocidio en curso en Gaza, una parte significativa del pueblo italiano no puede reaccionar con claridad moral porque arrastra esa anestesia colectiva, ese vacío no resuelto, una memoria que no se hace cargo del todo, termina convertida en psicofármaco social.

En Chile, seguimos administrando dosis pequeñas de memoria para no alterar el orden heredado. Se indulta al saqueador, se condecora al tecnócrata, se canoniza al tibio. Pero el que combatió con las armas, desde una ética radical y antiimperialista, debe seguir preso, silenciado, negado.

No se trata de pedir indulgencia. Se trata de reconocer que la historia no es una galería de estatuas morales inertes, sino un campo de disputa donde los gestos de consecuencia tienen un peso que trasciende las categorías jurídicas.

Mauricio Hernández Norambuena no cabe en la escenografía de una izquierda que perdió la osadía de nombrar el conflicto.

Y ese es, precisamente, el problema.

Corresponsalía Milano / Alfonso Ossandón Antiquera / © Diario La Humanidad

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