Cómo se manipula la información en los conflictos armados
En toda guerra hay dos frentes, el de las armas y el de las palabras, el primero asesina personas, el segundo conciencias.
NOTA: Andrés Silva, Diario la Humanidad
Montevideo – Uruguay
El campo de batalla invisible
La información es un arma estratégica, desde Irak hasta Trípoli, desde Kiev hasta Teherán, los conflictos armados del siglo XXI ya no se libran solo en trincheras o con drones, se libran también en redacciones, noticieros, redes sociales y estudios de televisión. En esta era de guerra cognitiva y guerra mediática, los medios hegemónicos, cómplices o protagonistas, han asumido un rol central en la fabricación del consenso y la criminalización del otro.
No basta con saber quién dispara, hay que preguntarse quién narra el disparo.
¿Qué es la guerra mediática y la guerra cognitiva?
Ya hemos escrito en artículos anteriores bastante sobre este tema, pero entendemos que en este momento histórico y en esta coyuntura geopolítica es necesario entender por donde nos están haciendo tantanto daño.
La guerra mediática es el uso estratégico de los medios de comunicación para influir en la opinión pública antes, durante y después de una intervención militar. La guerra cognitiva, por su parte, va un paso más allá, busca penetrar y moldear las percepciones, emociones y creencias de las poblaciones a través de la manipulación sistemática de información, verdades a medias y emociones.
En este campo de batalla, los objetivos no son solo los soldados enemigos, son las audiencias, el fin no es solo ganar la guerra en el terreno, sino justificarla ante el mundo.
Fases clásicas de la manipulación mediática en conflictos armados
1. Deshumanización del enemigo: se presenta al otro como bárbaro, irracional o terrorista.
2. Victimización del agresor: se muestra al invasor como defensor de la libertad, la democracia o los derechos humanos.
3. Saturación informativa selectiva: se muestra lo que conviene y se oculta lo que no.
4. Construcción de relatos únicos: se eliminan matices, voces disidentes o contextos históricos.
5. Postverdad y emoción: se priorizan imágenes impactantes y relatos conmovedores aunque sean falsos o manipulados.
Caso a caso, manuales de manipulación en acción
Ucrania: una guerra anunciada, contada sin contexto
El relato hegemónico insiste en mostrar a Ucrania como víctima de una agresión injustificada, sin explicar cómo se llegó hasta allí. En realidad, este conflicto no comenzó en 2022, sino mucho antes, cuando la OTAN, una alianza militar que debió disolverse al terminar la Guerra Fría, se expandió hacia las fronteras rusas, violando promesas verbales hechas a Moscú. En 2014, un golpe de Estado derrocó al gobierno electo de Viktor Yanukóvich, que buscaba mantener cierta autonomía entre Rusia y Europa. Ese golpe, impulsado por Estados Unidos y la Unión Europea, instaló un régimen abiertamente Nazi y antirruso.
Desde entonces, las regiones del este, principalmente Donetsk y Lugansk, de mayoría rusoparlante, resistieron al nuevo gobierno, que respondió con bombardeos, represión y una guerra silenciada por los grandes medios. En paralelo, Ucrania se convertía en plataforma militar de la OTAN, con ejercicios y armamento avanzado a las puertas de Rusia.
Cuando Rusia decide intervenir militarmente, lo hace en un contexto donde considera que su seguridad nacional está siendo amenazada de forma directa, lo hace para salvaguardar la vida de la población que se considera rusa, entonces, no es una invasión, es la consecuencia de una guerra geopolítica que se fue incubando durante años, con la OTAN como actor provocador. Pero eso, en los titulares occidentales, no se cuenta.
Aquí queda más que claro que el contexto es el enemigo de la propaganda y por eso desde los medios hegemónicos al servicio de los poderosos se intenta destruirlo.
Libia: del país más desarrollado de África al caos absoluto
En 2011, Libia era uno de los países con mayor índice de desarrollo humano del continente africano. Tenía educación y salud gratuitas, subsidios masivos, y proyectos de integración panafricana que incomodaban a Europa. Gadafi había propuesto una moneda africana respaldada en oro y buscaba alejarse del dólar y del euro. Eso selló su destino.
La OTAN, con Francia, Estados Unidos y Reino Unido al frente, lanzó una intervención militar bajo el pretexto de proteger civiles. Se acusó a Gadafi de bombardear a su propio pueblo, de planear un genocidio, e incluso de repartir Viagra para fomentar violaciones sistemáticas. Nada de eso fue probado, y mucho de ello fue desmentido incluso por funcionarios de la ONU años después.
Pero los medios hegemónicos, desde BBC, France 24 y CNN repitieron sin cesar el relato del “dictador asesino”. La operación mediática legitimó el bombardeo de una nación soberana. El resultado, Gadafi asesinado, fue linchado en plena calle por orden de EE.UU. el Estado libio colapsó y el país se fragmentó en milicias y gobiernos paralelos, hoy, Libia es un mercado abierto de armas, esclavos y petróleo controlado por intereses extranjeros.
El silencio posterior fue tan ensordecedor como la mentira que lo precedió.
Israel y Palestina: la maquinaria mediática del apartheid
Israel no solo ha desarrollado una de las fuerzas militares más sofisticadas del mundo (Aunque Irán o puso en duda) también ha perfeccionado la estrategia de control informativo y manipulación del discurso. En pleno genocidio cada vez que bombardea Gaza, los titulares dicen “Israel responde” o “Israel se defiende”, aunque hayan sido ellos quienes iniciaron la ofensiva. Las víctimas palestinas son presentadas como escudos humanos, y los niños asesinados como “daños colaterales” o «Futuros terroristas que hay que eliminar».
La ocupación, los asentamientos ilegales, el apartheid institucionalizado y el cerco total sobre Gaza son sistemáticamente omitidos. Se iguala la resistencia palestina con el terrorismo y se criminaliza a todo un pueblo. Los medios evitan hablar de las causas estructurales, expulsión, colonización, racismo, y limpieza étnica.
El sistema mediático internacional, con escasas excepciones, se pliega a esta narrativa. CNN, El País, France 24, Deutsche Welle, replican sin cuestionar el relato oficial israelí. Mientras tanto, periodistas palestinos son asesinados, censurados o ignorados, y las plataformas sociales eliminan contenidos que denuncian los crímenes y el genocidio del Estado israelí bajo la excusa de “contenido sensible” o “violación de normas comunitarias”.
The Guardian, El País, The Washington Post suelen titular con frases como “Mueren 10 palestinos tras ataque defensivo israelí” en vez de “Israel asesina a 10 palestinos”. La voz pasiva protege al agresor.
Aquí no solo hay una ocupación del territorio, sino también de la narrativa y eso, en muchos casos, es igual de letal.
Irán: demonizar al enemigo para aislarlo
Irán ha sido presentado durante décadas como una amenaza para la estabilidad mundial, pero rara vez se menciona que es uno de los países más bloqueados, sancionados y hostigados por Estados Unidos desde 1979, año en que la revolución islámica derrocó al Shah, un dictador instalado y sostenido por Washington durante más de dos décadas.
Desde entonces, Irán ha sido demonizado sistemáticamente, se le acusa de querer desarrollar armas nucleares, sin pruebas concluyentes, mientras se ignora que Israel tiene cientos de ojivas nucleares no declaradas. Se promueve la imagen de un régimen oscurantista y represor, sin mostrar el contexto de asedio permanente que vive el país, pero se ocultan todas las manifestaciones en apoyo al gobierno.
Cuando Estados Unidos asesinó al general Qassem Soleimani en Bagdad (una figura clave en la lucha contra ISIS), los medios no lo llamaron “acto de terrorismo”, sino “acción defensiva”. La inversión del lenguaje es total, Irán es el agresor incluso cuando es atacado.
La narrativa mediática busca no solo justificar un aislamiento, sino preparar psicológicamente a las audiencias para una posible intervención militar futura.
¿Qué tienen en común estos casos?
Todos los actos terroristas antes mencionados comparten una lógica de guerra mediática planificada. En cada uno:
- Se construye un “enemigo público” que justifique una intervención.
- Se suprime la historia y el contexto para facilitar la condena.
- Se utilizan recursos emocionales (niños, mujeres, lágrimas) para movilizar apoyo.
- Se legitima el uso de la fuerza como “defensivo” o “humanitario”.
- Se silencia la resistencia o se criminaliza como “terrorismo”.
Cómo protegernos en medio del bombardeo informativo
En contextos de guerra, la verdad es lo primero que muere, pero hay formas de no dejarla morir:
- Contrastar fuentes: No creas en la primera versión, lee varios medios para contrastar fuentes, medios independientes y periodistas en el terreno.
- Dudar de las emociones: Si una imagen te conmueve, preguntá por su contexto.
- Buscar el contexto histórico: ¿Qué pasó antes? ¿Qué se oculta?
- Identificar el lenguaje: Palabras como “defensa”, “terrorismo”, “intervención humanitaria” «ataque preventivo» tienen cargas ideológicas el fascismo.
- Rechazar la simplificación: En toda guerra hay grises, escuchar las voces silenciadas, las que no tienen prensa es un acto de justicia.
En tiempos de guerra mediática, el periodismo no puede ser neutral. La neutralidad frente a un GENOCIDIO es complicidad. Como decía Kapuściński, “cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante”.
Hoy más que nunca, defender la verdad es un acto de resistencia.
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