Salvador Allende: La memoria que el imperialismo no pudo borrar
Allende, Pinochet, la CIA y la Operación Cóndor: historia, memoria y la lucha por recuperar el verdadero significado del Chile de la Unidad Popular.
Diario La Humanidad
A 53 años del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, la figura de Salvador Allende continúa atravesando la memoria política de América Latina. El derrocamiento del Gobierno de la Unidad Popular, la dictadura de Augusto Pinochet, la intervención de Estados Unidos y la trama represiva de la Operación Cóndor forman parte de una historia que todavía disputa su significado en el presente. Recordar a Allende no es solamente mirar hacia el pasado: es preguntarse quién escribe la historia, qué memoria conservan los pueblos y qué intereses intentan borrarla. Desde Chile hasta Venezuela, la memoria de Allende sigue siendo una batalla por la soberanía, la democracia y la justicia social.
Allende, historia y memoria
Imposible zafársele a la memoria. Nada en este día distrae los recuerdos de medio siglo. Las tareas urgentes se apartan como entendiendo su subordinación a lo histórico. García Márquez lo plasmó como oráculo en la piedra intangible de la conciencia: “El drama ocurrió en Chile, para mal de los chilenos, pero ha de pasar a la historia como algo que nos sucedió sin remedio a todos los hombres de este tiempo y que se quedó en nuestras vidas para siempre”. (Revista Alternativa No. 1, 1974)
Por hechos como el que conmemoramos (ciertamente compungidos-aguerridos), es que la historia dejó de ser un relato del pasado lejano, generalmente narrado por terceros. Las cosas no ocurrieron “allá” y “de tal manera”, como si lo dijera un libro escrito por un viejo barbudo y apoltronado. Nos ocurrió a todas y todos, en cada lugar donde latía un verso de la poética -de la política ética- que inspiraba la Chile de Allende, el Chile de la Unidad Popular.
Tengamos el cuidado de cultivar (literalmente) la memoria, regándola, abonándola, hablándole como le hablaba mi abuela (cual Galeano y Benedetti) a sus plantitas medicinales, cantándole como lo hicieron Víctor Jara y Alí Primera, y lo sigue haciendo Silvio Rodríguez, porque esa memoria siempre está en riesgo de ser invadida por piojos y otras plagas que se comen las hojitas, carcomen las ramas, y pudren las raíces.
Luego la “Historia”, que es como la sistematización sacralizada de la memoria de todas y todos (como una Memoria de las memorias), será la que susurrará al oído de la gente aun sin memoria, lo que (¿los amos?) quieren que se crea que es la memoria.
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¿Quién tiene la fórmula para despejar la incógnita del día que empezó la Historia?
¿Cuánto de cierto o de quimérico tiene eso de la memoria colectiva?

Seguro podemos concluir que no viene por generación espontánea. Un pedacito de fruta colocada a la intemperie en un frasquito en un rincón de la casa, casi seguro traerá unas mosquitas en un par de días.
Pero, ¿cuánto puede durar una sociedad putrefacta sin que nadie note la gusanera y el mosquero que le brota por las instituciones?
O, ¿cómo evitar que esos gusanos y monstruosas moscas devoren a las abuelitas y poetas que les cantan a las flores para que el mundo sea un panal de miel y un jardín de amor?
Allende y el pueblo trabajador que soñó aquel Chile justo y soberano fueron masacrados, la Constitución voltea hacia la visión fascista y los conquistadores europeos siguen intentando exterminar a los mapuches.
¿Es historia un camión disparando gases en un cementerio que debía ser templo recordatorio de la lucha por la Democracia Universal?
¿Alguien puede creer aún que existe una “derecha democrática”? De ser así, ni la memoria ni la historia sirven para nada.
El Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 en Chile, se fraguó “entre 1970 y 1973, (cuando) la CIA y militares americanos establecieron contacto con militares chilenos con el fin de reunir materiales de inteligencia y permitir a los Estados Unidos entrar en comunicación con el grupo con más posibilidades para arrebatar el poder al Presidente Salvador Allende”. (Informe “Church” del Senado de EEUU, p 8)
¿Cuánto de la verdadera historia queda en la memoria de las mayorías chilenas? La complicidad protagónica de los Estados Unidos con el golpe militar que derrocó al Gobierno de la Unidad Popular en Chile y abrió el período de mayores violaciones a los derechos humanos en la región (Operación Cóndor), quedó absolutamente comprobada en el contenido del memorando de la reunión sostenida el 8 de junio de 1976 entre el dictador Augusto Pinochet y el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Henry Kissinger, durante la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos, donde se hablaría (ironía infinita) de derechos humanos en la mismísima ensangrentada Chile.

Kissinger le habla a Pinochet: “En los Estados Unidos, como Usted sabe, tenemos simpatía por lo que Usted está tratando de hacer aquí. Yo pienso que el gobierno anterior iba en la dirección del comunismo. Nosotros le deseamos lo mejor a su gobierno”.
Sigue el laureado diplomático sionista: “Mi evaluación es que Usted es una víctima de los grupos izquierdistas alrededor del mundo y que su mayor pecado fue derrocar a un gobierno que iba en dirección al comunismo… yo quiero que Usted salga adelante y quiero mantener la posibilidad de ayuda…nosotros vamos a hacerle llegar los F5 que hemos acordado”.
El dictador Pinochet le recuerda: “nosotros resolvimos el problema de las grandes empresas transnacionales. Nosotros renegociamos las expropiaciones y demostramos nuestra buena fe haciendo pagos oportunos sobre nuestra deuda”. En tono familiar, se queja de que algunos opositores sean escuchados en el Congreso de los Estados Unidos: “Letelier tiene acceso al Congreso. Nosotros sabemos que están dando información falsa”.
Tres meses después, el Canciller de Allende, Orlando Letelier, fue asesinado por agentes especiales de la dictadura en las calles de Washington (Historia sin memoria militante puede hasta dejar de ser historia).
Kissinger despide la reunión con elogios al dictador: “Nosotros recibimos muy bien el derrocamiento del gobierno procomunista aquí… Ustedes le prestaron un gran servicio al Occidente al derrocar a Allende. De otra manera Chile habría seguido a Cuba. Entonces no habría habido derechos humanos”.
¿Cuál mito caracteriza al Chile de hoy? ¿La “democracia” tipo OEA que convalidó en 1976 a Pinochet con su amigo Kissinger dándole palmaditas muy sonriente?
Vuelvo la mirada a mi orilla de enunciación: la Revolución Bolivariana requiere refundar el mito de la venezolanidad en la Gesta y Doctrina Bolivariana (tal como manda la Constitución). Cultivar el bolivarianismo es formar una ciudadanía capaz de ver la historia con la memoria afilada y curada de parásitos. Porque la Historia no es una pasarela donde desfilan fantasmas del tiempo ido, sino campo de batalla del día a día por vencer al enemigo que asesinó a Salvador Allende, e insiste en rematarle en la memoria de los pueblos.
En nuestro caso, defender a Bolívar, estudiarlo a fondo, y venerar la épica de nuestra heroicidad ancestral, es el culto (de un pueblo culto) que sostendrá la Patria Independiente en post de una mejor Humanidad.
El mártir y el asesino
Salvador Allende fue un hombre que luchó toda la vida. Su profundo ideal socialista lo llevó a superar grandes retos y a triunfar. Ganó elecciones presidenciales después de haber perdido en varias oportunidades y subió al gobierno después de conjurar, políticamente, la conspiración imperialista para no dejarlo acceder al poder.
Pinochet, fue un taimado ambicioso que, escondido en el uniforme militar y ocultando su veneno tras lentes oscuros, asomó sus fauces podridas cuando la mala historia le dio la oportunidad de asaltar el poder traicionando la confianza que el propio Presidente le había dado. Allende buscó al pueblo a la luz del claro día y expuso al viento sus ideas hasta lograr mayoría. Pinochet fraguó su crimen a escondidas y se alió a la muerte para ser dictador. ¿A quién recordará la humanidad con amor y admiración? Cuando Allende fue proclamado Presidente constitucional por el Congreso, las calles de Chile se llenaron del jolgorio de una fiesta democrática sin precedentes. Cuando los militares traidores dirigidos por Pinochet usurparon la soberanía popular con sus vergonzantes armas, las calles de Chile fueron un baño de sangre inocente y el luto poseyó a aquel desdichado país. Allende murió asesinado mientras defendía la Constitución, la democracia y al pueblo chileno. Sus seguidores fueron masacrados, torturados, exiliados. Su familia humillada y perseguida.
Pinochet murió de muerte natural en medio de la mayor impunidad. Sus seguidores pudieron manifestarse libremente y hasta se dieron el tupé de agredir –como buenos fascistas- a los descendientes de las víctimas de la dictadura. Qué ironía. La familia del asesino, pudo cumplir tranquilamente sus ritos fúnebres; lo que a los Allende les fue negado por casi veinte años.

A su familia, el Compañero Presidente Salvador Allende les heredó un ejemplo honroso y el recuerdo del padre amable y abnegado. Pinochet en cambio, les dejó a los suyos la vergüenza de pertenecer a una estirpe criminal y unos treinta millones de dólares en cuentas bancarias en los Estados Unidos. Porque todo megalómano fascista en esencia un corrupto. ¿A cuál de ellos le diremos a nuestros hijos que sigan como ejemplo? En tiempos de Allende, nunca se aplicó en Chile la pena de muerte aún existiendo en la Constitución.
Pinochet mandó a asesinar en masa, organizó la Caravana de la Muerte con saldo de más de setenta asesinatos selectivos y montó, bajo órdenes de Kissinger y coordinados por la CIA, la conspiración transnacional contra los derechos humanos más insólita del planeta: la Operación Cóndor, en cuyo marco, mataron al general Carlos Prats, al Canciller Orlando Letelier y a cientos de dirigentes de izquierda en todo el Cono Sur.
Allende vivió –y por eso lo asesinaron los cipayos del imperialismo- para reivindicar la clase trabajadora.
En su gobierno la distribución de la renta favoreció a los más humildes con un 60% del ingreso nacional. Nacionalizó las minas y adelantó una solidaria política en educación y seguridad social. Pinochet sirvió a las oligarquías y al imperialismo, desnacionalizando y privatizando las áreas estratégicas de la economía y también los servicios públicos.
El mal llamado milagro chileno es la aplicación brutal del neoliberalismo con sangre y fuego, sin sindicatos ni libertad de opinión, donde hasta el futuro y la sonrisa de la juventud fueron confiscados. ¿A cuál de ellos le harán los pueblos una canción en su corazón?
Allende
Allende Es la marcha luminosa de la gente enamorada
Suenan a su paso las músicas azules del mar Neruda
Una bahía saciada de barcas Canta el viento un coro de velas
El océano es una pista de baile en carnaval
Los peces y parejas de amantes son la red del amanecer
Allende Es el amor verde del bosque
El beso rojo en las alas del Ande Víctor Jara
Por el camino mapuche el cielo noche archipiélago de estrellas
La amistad es una compañera con boinas mariposas
En el silencio hermoso ardilla las uvas soplan
Paraíso montaña y mar que se abrazaron sin retorno
Se amaron para verte pasar Compañero.
Allende Por su recia voz cantó sonetos la dignidad
En las fábricas son de cueca corazones de Violeta Vibran charangos el salitre sudor de clase Un clamor de bien más largo que el largo Chile
Que contagia a indoamérica año 70 canción feliz
Sólo de Cuba lo dulce es agua de los iguales.
Allende Acuarelas de honor y poesía alfombran las alamedas
Anchas multitudes danzan tu palabra labrador Manuel Rodríguez
El formón en el ébano talla tu nombre
Ya es historia y será sonrisa tu recuerdo en un mañana
Millones de pájaros vuelven a tu mirada de héroe
La escuela del amor venerará tu ejemplo.
Yldefonso Finol
En este medio siglo del martirio de Salvador Allende y el Proyecto de la Unidad Popular en Chile
Nota: Yldefonso Finol – Economista-Escritor-Historiador-Diplomático – Venezuela
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MARIO SILVA SIN FILTROS: LA SITUACIÓN ACTUAL DE VENEZUELA Y AMÉRICA LATINA En una edición imperdible de «Del Sur al Sur», conectamos con nuestros corresponsales para tener la información de primera mano sobre la compleja realidad que vive nuestra región.

En esta entrevista exclusiva, el reconocido periodista venezolano Mario Silva (@MarioSilvaOficial) se sienta con Zoha Abdejodai, El Ruso Otero y Andrés Silva para analizar a fondo: La crisis política y económica que atraviesa Venezuela. El nuevo mapa de poder tras el secuestro de Nicolás Maduro. Las verdades de Silva sobre el gobierno interino de Delcy Rodríguez y la entrega de los recursos nacionales al «imperialismo». El rol de Estados Unidos y las nuevas alianzas en la región. El impacto de estas decisiones en el futuro de América Latina.

DESDE IRÁN: Nuestra compañera y corresponsal de La Humanidad TV y de Del Sur al Sur, Zoha Abdkhodaei, quien desde Teherán nos conecta para darnos su perspectiva.

DESDE MONTEVIDEO: El Ruso Otero y Andrés Silva presentan estos diálogos fundamentales para entender la coyuntura global y los procesos que afectan a nuestros pueblos.

«Del Sur al Sur» es un programa que se emite todas las semanas a través de Humanidad TV, con una mirada crítica y comprometida con la realidad del sur global.

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