Inicio » La guerra de los símbolos entre El León, El Oso, Y El Dragón 
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Roma y la Sombra de Moscú en el Día de la Victoria Patriótica

Nota: Diario La Humanidad  Alfonso Ossandón – Corresponsalía Milano- Italia

La elección del Papa León XIV el 8 de mayo de 2025, es el 9  en extricto rigor eclesiástico , en plena conmemoración de la victoria soviética sobre el nazismo, no fue solo un evento eclesiástico de alta trascendencia: fue también un gesto cargado de oportunidad simbólica y resonancia diplomática.

Mientras Moscú recordaba su papel determinante en la liberación de Europa, con desfiles militares y discursos que refuerzan la narrativa del sacrificio y la victoria, desde Roma se emitía una señal distinta: la transición del liderazgo espiritual en el corazón de la cristiandad.

Ese día, el mundo volvió su mirada a la Plaza de San Pedro.

La fumata blanca, siempre esperada pero pocas veces anticipada con precisión, eclipsó parcialmente el protagonismo que Rusia suele ejercer cada 9 de mayo, fecha crucial en su construcción identitaria y en su proyección como garante moral del siglo XX.

Difícil hablar de coincidencia.

El Vaticano, institución milenaria habituada a navegar en los pliegues del poder, raramente actúa sin tener en cuenta el peso de los símbolos. La elección papal en una fecha tan cargada para el eje euroasiático puede leerse como una acción diplomática no confrontativa, pero sí deliberada: un desplazamiento sutil del foco, desde la fuerza conmemorativa del Oso hacia la voz silenciosa del León.

En el fondo, se trata de relatos.

Moscú reivindica su papel histórico y su vigencia en el siglo XXI a través de la memoria heroica; Roma recuerda que aún hay un poder que no necesita armas para influir en la conciencia colectiva. Ambos recurren al símbolo, pero en registros distintos: el desfile frente al Kremlin y la oración en la Basílica no compiten directamente, pero sí configuran dos formas de decir presente.

En esta escena emerge un tercer actor:

El Dragón – China, con su proyección global imparable y sus credenciales difíciles de ignorar —más de 700 millones de personas sacadas de la pobreza en menos de un siglo—, se ha consolidado como protagonista económico, tecnológico y estratégico que ya vive en el 2050.

Su alianza con Rusia, aunque pragmática, ha reforzado una narrativa alternativa al dominio occidental.

El 9 de mayo, en este nuevo tablero, no pertenece solo a la historia soviética: es también un momento de afirmación geopolítica de la unidad eurasiática.

Y es ahí donde entra el León simbólico de Occidente.

En un momento donde el eje Moscú–Beijing busca establecer un nuevo centro de gravedad global, el nombramiento del pontífice funciona como contrapeso silencioso.

No con declaraciones ni sanciones, sino con una jugada clásica de la diplomacia vaticana: el uso del tiempo, del calendario y de los signos.

El Papa León XIV asume, así, su rol no sólo como jefe espiritual de más de mil millones de católicos, sino como figura de referencia moral en un mundo multipolar.

La elección en esa fecha recuerda que en medio de tensiones y nuevas alianzas, aún hay espacios donde la autoridad se construye sin fuerza, donde la palabra aún puede pesar más que el misil, y donde los relatos se disputan también en los días, no sólo en los hechos.

Roma no desafía, pero tampoco se retira.

Y en tiempos de bloques en formación, quizás su mayor fuerza esté en permanecer como espacio simbólico que no reclama dominio, pero sí presencia. pese a su casi silencio ante el genocidio en Gaza por parte de Netanyahu y sus bestias..


Corresponsalía Milano / Alfonso Ossandón Antiquera / © Diario La Humanidad

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https://youtu.be/liEJMqwA_pA?si=SYZ3D6edfIi0kNnj

Imagen: Vaticano

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