Ecuador y la escalada internacional contra Irán
Nuevamente el guión imperial de lucha antiterrorista se pone en acción para crear a nivel mundial la Islamofobia e Iranofobia que permita operaciones de falsa bandera.
NOTA: Andrés Silva, Diario la Humanidad
Montevideo, Uruguay
En el actual escenario de escalada internacional, donde Estados Unidos e Israel intensifican sus acciones contra Irán, los acontecimientos ocurridos en Ecuador revelan con nitidez cómo la guerra también se despliega en el terreno político, judicial y mediático en América Latina.
Las acusaciones realizadas por el ministro del Interior ecuatoriano, John Reimberg, contra el ciudadano iraní Mohammad Khodadadi presidente del Centro Cultural Ecuatoriano-Iraní no se sostienen en pruebas verificables y responden, más bien, a la construcción de un relato alineado con la narrativa global de la “lucha contra el terrorismo”. Una narrativa que, históricamente, ha sido utilizada para legitimar persecuciones selectivas, criminalización política, operaciones de carácter encubierto y operaciones de falsa bandera.
Los hechos previos a su detención son contundentes y, sin embargo, han sido sistemáticamente invisibilizados. El 28 de febrero de 2026, el Centro Cultural Ecuatoriano-Iraní fue blanco de un ataque violento en Quito. Un grupo de individuos portando banderas del antiguo régimen del Sha, junto a insignias y banderas de Estados Unidos e Israel, irrumpió en el lugar armados con palos, agredieron a los presentes, incluyendo niños. El saldo fue alarmante varios heridos, cinco menores con secuelas psicológicas, uso de gas lacrimógeno dentro del recinto, destrozos materiales, ventanales destruidos, vehículos vandalizados y robo de pertenencias.
Pese a la gravedad del ataque, y a que tanto la Policía como la Fiscalía ecuatoriana cuentan con registros audiovisuales que identifican claramente a los responsables, hasta la fecha no se ha producido ninguna detención ni avance judicial significativo. Por el contrario, los agresores continúan en libertad, incluso emitiendo amenazas en las inmediaciones de la embajada iraní, en un contexto de total impunidad.
En contraste, la reacción del Estado ha sido inmediata y contundente… pero en dirección opuesta. Bajo órdenes del gobierno encabezado por Daniel Noboa, se procedió a la detención de Mohammad Khodadadi mediante un operativo cargado de acusaciones que no han sido respaldadas con evidencia pública. Durante su reclusión en dependencias migratorias, se denunciaron múltiples vulneraciones a sus derechos fundamentales, mientras desde el propio aparato estatal se lo condenaba mediáticamente.
Las declaraciones de Reimberg no solo lo vinculan sin pruebas con estructuras del narcotráfico, sino también con organizaciones catalogadas como terroristas, reproduciendo un libreto que se repite en distintos escenarios internacionales y obedecen a la construcción de un enemigo interno asociado a intereses extranjeros. En este caso, la identidad iraní se convierte en el eje de sospecha.
Diversos sectores, entre ellos el Movimiento de Periodistas Antifascistas, han denunciado que este operativo responde a una estrategia más amplia, en la que agencias como la CIA y el Mossad jugarían un papel determinante. La acusación no es menor apunta a la posible injerencia directa de intereses geopolíticos externos en la política interna ecuatoriana, en un momento de alta tensión global.
A este entramado de injerencia y operaciones encubiertas se suma un elemento particularmente revelador la presencia del contratista militar Erik Prince (Agencia de mercenarios que operaron por ejemplo en la guerra de Iraq y Afganistán) en la estructura de seguridad ecuatoriana. En marzo de 2025, el gobierno de Daniel Noboa anunció una alianza estratégica con Prince, conocido por ser el fundador de Blackwater hoy denominada Academi, una firma con un largo historial de denuncias por violaciones a los derechos humanos en escenarios de guerra como Irak. Bajo este acuerdo, Prince no solo asesora a las Fuerzas Armadas y a la Policía ecuatoriana en el combate al denominado “narcoterrorismo”, sino que incluso participa en operativos en ciudades clave como Guayaquil.
La incorporación de una figura asociada a la privatización de la guerra y a operaciones irregulares refuerza la hipótesis de que Ecuador se está convirtiendo en un laboratorio de seguridad bajo doctrinas extranjeras, donde la frontera entre acción estatal y operaciones encubiertas se vuelve cada vez más difusa.
Desde esta perspectiva, lo ocurrido el 25 de marzo fecha en la que se ejecuta la detención no sería un hecho aislado, sino parte de una ofensiva internacional más amplia dirigida contra ciudadanos y representantes iraníes en el extranjero. Una ofensiva que busca debilitar redes culturales, diplomáticas y comunitarias, al tiempo que instala un clima de sospecha permanente.
El perfil de Mohammad Khodadadi, descrito por quienes lo conocen como un líder religioso, intelectual y figura activa en el trabajo social, contrasta fuertemente con la imagen construida desde el poder. Esta disonancia refuerza la hipótesis de que no se trata de un caso judicial ordinario, sino de una operación política con objetivos definidos.
En este contexto, la utilización de la categoría “terrorismo” adquiere una funcionalidad estratégica. No solo permite justificar detenciones y deportaciones sin debido proceso, sino que también contribuye a generar las condiciones para escenarios de mayor conflictividad. Entre ellos, la posibilidad de operaciones de falsa bandera que puedan ser atribuidas a actores iraníes, tanto en América Latina como en el propio territorio de Estados Unidos, habilitando así nuevas fases de escalada militar y política.
El caso ecuatoriano, lejos de ser periférico, se convierte así en un punto de observación privilegiado para entender cómo se articulan estas dinámicas a nivel global. La combinación de violencia paraestatal como el ataque al centro cultural, inacción judicial frente a los agresores, y acción represiva contra la víctima institucional, configura un patrón que no podemos ignorar.
En definitiva, lo que está en juego no es únicamente la gravísima situación de un ciudadano inocente iraní, sino la consolidación de un modelo en el que la soberanía, el estado de derecho y la convivencia social quedan subordinados a una lógica de guerra que trasciende fronteras. Una lógica en la que la verdad se pierde entre operaciones mediáticas y donde la acusación sustituye a la prueba como fundamento de la acción política.
Es esta acción represiva el comienzo de lo que entre líneas se viene anunciando desde la casa blanca la última semana, una oleada de ataques terroristas, entre ellos la Costa Oeste de Estados Unidos, ya comenzaron a crear el enemigo, no tardarán en ejecutar la operación de atentados de falsa bandera.

TE RECOMENDAMOS LEER:


