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El desastre de los Laboristas ofrece una oportunidad a Farage, el hombre del Brexit

Diario La Humanidad

El primer ministro británico, Keir Starmer, parece más preocupado del apoyo militar a Ucrania, cueste lo que cueste al erario público, que de resolver los problemas más acuciantes del propio país.

Sólo así se explica la fuerte caída de su Partido Laborista en las encuestas: sólo le apoya actualmente un 24 por ciento de los ciudadanos, 10 puntos menos que tras las últimas  generales.

Aún les va peor, sin embargo, a los conservadores, quienes,  en lugar de beneficiarse del rechazo popular al partido gobernante, han visto también caer su apoyo popular de un 25 a un 18 por ciento.

El Reino Unido no es, sin embargo, una excepción: también en otros países europeos, el afán militarista de los gobiernos con el espantajo de la “amenaza rusa” deja en segundo plano lo que deberían ser prioritario como la  sanidad, la educación o la vivienda.

Por lo que se refiere a Gran Bretaña, el descalabro laborista, unido al hecho de que tampoco la oposición conservadora levanta cabeza, aumenta las posibilidades electorales del populista Nigel Farage, el hombre del Brexit.

Con hoy 61 años, Farage dedicó prácticamente  la mitad de su vida política a conseguir la salida de su país de la Unión Europea.

Logrado ese objetivo, Farage pareció renunciar de momento a otras ambiciones políticas: dejó su partido Reform UK en manos de un hombre de negocios y se dedicó a la nueva carrera de agitador televisivo.

También firmó un contrato con una plataforma de internet llamada Cameo que permite a los ciudadanos solicitar mensajes de vídeo personalizados de actores, atletas, artistas, entre otros. Por cien libras, Farage leía ante las cámaras lo que la gente le pedía.

Hasta que poco antes de las elecciones británicas de hace un año, anunció su regreso a la política al frente del partido por él fundado, y a juzgar por su popularidad en las encuestas, parece cada vez más cerca de llegar al número 10 de Downing Street.

En los comicios municipales del pasado mayo, su partido Reform consiguió más del 40 por ciento de los escaños. Y en las últimas encuestas de intención de voto, supera en seis puntos porcentuales a los laboristas y en doce,  a los conservadores.

Y si el problema de Farage había sido antes siempre el sistema electoral mayoritario del país, que perjudica a los pequeños partidos, hoy ese mismo sistema le favorece.

El líder de Reform UK ya no habla del Brexit e incluso le rehuye a toda responsabilidad por el desastre económico que el abandono de la UE  ha supuesto en muchos sentidos para el Reino Unido.

Su actual tema favorito, como el de tantos políticos populistas del continente, es la inmigración, a la que se refiere como una “invasión”  que va a causar enorme daño al país.

Hace dos años, entraron en el Reino Unido 860.000 personas más que las que salieron, algo que habrán aprovechado sin duda muchas empresas necesitadas de mano de obra,  pero que no deja de preocupar a los votantes.

Como el buen demagogo que es, Farage relaciona ese saldo migratorio con los problemas cotidianos del ciudadano de a pie: las tardanzas en conseguir una cita médica, el aumento de los alquileres, entre muchos otros.

Sus críticos más benévolos le califican de “nacionalista”, otros van más lejos y le tachan sin más de “racista”. Hay quienes destacan sus tendencias autocráticas, su admiración por los hombres fuertes como el presidente Donald Trump o el ruso Vladimir Putin.

Mientras tanto, en el otro extremo del arco político, Jeremy Corbyn, el líder al que Starmer consiguió con métodos sucios expulsar de la dirección laborista, ha anunciado la creación de un nuevo partido de izquierdas que competirá con el de su desleal rival.

Deseémosle suerte.

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Nota: Joaquín Rábago

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En una reciente entrevista que concedió el profesor Gabriel Sivinian, quien dicta la cátedra de Estudios Palestinos Edward Said a La Humanidad TV, nos daba un contexto histórico de la agresión genocida que sufren el pueblo Palestino por parte del Estado sionista de Israel. La agresión de Israel a Palestina tiene sus raíces en la conformación del sionismo como movimiento político a finales del siglo XIX. Theodor Herzl, en su obra El Estado Judío, estableció la idea de una patria nacional para los judíos, proponiendo inicialmente opciones como Argentina o Palestina. Sin embargo, el simbolismo religioso e histórico de Palestina prevaleció. Desde 1895, los escritos sionistas discutían la expropiación y desplazamiento de la población árabe nativa como parte de su estrategia de asentamiento. El mandato británico sobre Palestina (1920-1948), resultado de la Primera Guerra Mundial, transformó la región en un escenario de tensiones crecientes. Documentos como la Declaración Balfour (1917) promovieron un hogar nacional judío, ignorando las demandas de la población árabe mayoritaria. Este proceso fue catalizador de un colonialismo de sustitución, con un aumento significativo de inmigrantes judíos: de 10,000 en 1893 al 31% de la población total en 1947. La Nakba de 1948 marcó el éxodo masivo de entre 700,000 y 800,000 palestinos. Acompañado por masacres y la destrucción de más de 500 aldeas, este evento consolidó un desplazamiento que sigue sin resolverse.

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Fuente e Imagen: El Viejo Topo – La casa de mi tia – David Vintiner / The Sunday Times Magazine via News Licensing

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