Japón contra la guerra: la resistencia civil frente a la creciente postura militar contra China
El despliegue de misiles de largo alcance, los ejercicios militares conjuntos con Estados Unidos y la tensión por Taiwán alimentan la preocupación por una escalada en Asia Oriental. Mientras el Gobierno japonés refuerza su capacidad militar, crece la resistencia ciudadana contra la remilitarización y en defensa de la paz.
Diario La Humanidad
Japón y China vuelven a situarse en el centro de las tensiones geopolíticas internacionales. El acelerado rearme japonés, el despliegue de misiles de largo alcance y los ejercicios militares conjuntos con Estados Unidos y sus aliados reavivan el debate sobre el riesgo de una guerra en Asia Oriental. En un escenario marcado por la disputa sobre Taiwán, la rivalidad entre Washington y Pekín y la creciente competencia por el poder mundial, los movimientos pacifistas japoneses denuncian la militarización del país y advierten sobre sus consecuencias para la población. ¿Está Japón avanzando hacia una nueva confrontación militar con China? ¿Qué papel desempeña Estados Unidos en la estrategia de contención de Pekín? El debate sobre la seguridad regional, la memoria histórica del imperialismo japonés y el ascenso del Sur Global vuelve a ocupar un lugar central en la geopolítica mundial.
El Gobierno de Japón está construyendo rápidamente una postura de guerra contra China. El proceso comenzó en Okinawa y Amami a mediados de la década de 2010 y se ha extendido a Kyushu, el oeste de Japón y todo el país. Desde 2026, Japón ha comenzado a desplegar misiles de largo alcance capaces de alcanzar el territorio continental chino.
Los ejercicios de las Fuerzas de Autodefensa (FAD) de Japón y las maniobras conjuntas entre Japón y Estados Unidos utilizan con frecuencia aeropuertos y puertos civiles, así como carreteras e instalaciones públicas. Los barcos civiles y las rutas de ferris transportan ahora tropas y equipos militares. El Gobierno japonés y el Ministerio de Defensa están trasladando los cuarteles generales de mando de las FAD a instalaciones subterráneas.
Oficialmente, estas actividades se presentan como medidas de «disuasión». Sin embargo, anticipan los preparativos para una posible guerra con China. En ese escenario, el traslado de los centros de mando bajo tierra protegería a los responsables militares, mientras que la población que vive en la superficie permanecería expuesta a los peligros del conflicto.
Esta estrategia no es obra exclusiva de Japón. Durante varios años, buques de guerra y portaviones de Gran Bretaña, Francia, Alemania y los Países Bajos han acudido a las aguas cercanas a China para realizar ejercicios militares conjuntos. Se trata de las mismas potencias que, desde la década de 1840 hasta la de 1940, invadieron y ocuparon China.
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En 2024, el ejercicio conjunto entre Japón y Estados Unidos denominado Espada Afilada 25 desplegó 45.000 efectivos japoneses y estadounidenses, 40 buques de guerra y 370 aeronaves. A estas maniobras se sumaron fuerzas de Australia y Canadá, mientras que el Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y la OTAN participaron como observadores.
En los ejercicios se utilizaron más de 30 aeropuertos y puertos civiles, además de bases militares. También se estableció un puesto de mando conjunto entre Japón y Estados Unidos en Okinawa y Amami.
En las islas donde tienen su base las unidades de misiles —Amami, Okinawa, Miyako e Ishigaki— se realizaron simulacros con misiles antibuque que representaban ataques contra embarcaciones chinas.
El 6 de mayo de 2026, el ministro de Defensa japonés, Shinjirō Koizumi, observó un ejercicio con fuego real de unidades de las Fuerzas de Autodefensa en el norte de Luzón, Filipinas. La maniobra simulaba un ataque contra buques chinos.
En marzo de 2025, el entonces ministro de Defensa japonés, Gen Nakatani, propuso al secretario de Defensa estadounidense, Peter Hegseth, un concepto de «teatro único» que consideraba la península de Corea, el mar de China Oriental y el mar de China Meridional como un solo teatro de operaciones militares.
Incluso el mar de China Meridional, situado lejos de Japón, forma ahora parte del área de operaciones contemplada por las Fuerzas de Autodefensa. Esta propuesta solo puede interpretarse como un intento de establecer un cerco militar alrededor de China.

La trayectoria del Japón imperial
La actual postura bélica contra China sigue la trayectoria histórica del Japón imperial. Desde su surgimiento hace aproximadamente 150 años, el Japón moderno invadió y ocupó repetidamente territorios vecinos, mató y sometió a numerosas poblaciones y se convirtió en una gran potencia asiática.
El Japón de la posguerra, sin haber reflexionado profundamente ni asumido plenamente la responsabilidad por su pasado colonial, está volviendo a militarizarse. El actual Gobierno de Sanae Takaichi parece decidido a profundizar todavía más esta trayectoria imperial.
En noviembre de 2025, la primera ministra Takaichi declaró que Japón recurriría a la fuerza militar si China llegaba a unificar Taiwán por la fuerza. Esto equivaldría a librar una guerra contra China sin que esta hubiera atacado directamente a Japón.
China considera Taiwán un territorio que fue colonizado por Japón después de la primera guerra sino-japonesa, librada entre 1894 y 1895, una guerra de agresión contra China y Corea. Desde la perspectiva china, la unificación representa la recuperación de un territorio sometido al dominio colonial.
Las declaraciones de Takaichi implican que una antigua potencia colonial de Taiwán podría intervenir militarmente para impedir esa recuperación y reunificación. Además, dichas declaraciones rompieron con los compromisos expresados en el Comunicado Conjunto Japón-China de 1972 y el Tratado de Paz y Amistad de 1978, acuerdos que durante más de cincuenta años simbolizaron la promesa japonesa de construir relaciones de paz y amistad entre ambos países.
Lo más preocupante es la reacción de una parte importante de la opinión pública japonesa. Las encuestas realizadas en aquel momento mostraron que cerca del 70 % de la población consideraba innecesario que Takaichi se retractara de sus declaraciones.
En 1937, mientras Japón invadía China, el Gobierno y los medios de comunicación japoneses difundieron el eslogan «Castigar a los chinos violentos». De este modo, presentaban como violenta y escandalosa la resistencia china, pese a que se trataba de una respuesta a la agresión japonesa.
Esta narrativa sirvió para justificar la invasión y fomentar el apoyo popular a la guerra. Muchos ciudadanos respaldaron esos mensajes y se construyó una unidad nacional favorable al conflicto. Dentro de aquella burbuja propagandística no había espacio para debatir la verdadera raíz del problema: la propia agresión de Japón.
Hoy se repite una dinámica semejante. Desde el Gobierno y los medios de comunicación se difunden mensajes que alimentan la hostilidad hacia China, mientras apenas se intenta comprender la perspectiva china.
No podemos limitarnos a observar. Debemos detener este proceso antes de que avance más, o Japón volverá a convertirse en un agresor contra los pueblos de China y Asia. En ese escenario, se perderán vidas y medios de subsistencia en todo el este asiático.
Japón debe reconocer honestamente los últimos 150 años de su historia moderna, detener los preparativos bélicos y convertirse en un país comprometido con la paz en Asia Oriental.
Resistencia a la postura de guerra de Japón
La nueva postura bélica, construida desde la década de 2010, pasó casi desapercibida dentro de Japón. La resistencia permaneció aislada durante años.
A medida que la militarización se extendía desde Kyushu hacia el oeste del país, comenzó a tomar forma, a finales de 2023, una iniciativa destinada a conectar las distintas luchas locales en un movimiento común.
Durante 2024 se celebraron encuentros de intercambio y solidaridad en Okinawa y el oeste de Japón: en Ehime, en abril; Okinawa, en agosto; Kure, en septiembre; y Oita, en noviembre.
En febrero de 2025 se celebró una asamblea fundacional en Kagoshima, donde se puso en marcha la Red Detengan la Guerra de Okinawa y el Oeste de Japón.
La declaración fundacional concluía con el siguiente compromiso:
«Conocer. Conectar. Detenerlo». Para crear paz, damos un nuevo paso hacia la lucha. Compartiendo información, aunando sabiduría, conectando, mostrando solidaridad y con el poder combinado de los ciudadanos, detendremos esta guerra hecha por el Estado.
En junio de 2025, personas procedentes de Okinawa y del oeste de Japón viajaron a Tokio para mantener negociaciones con el Gobierno, celebrar una concentración frente a la Dieta —el Parlamento japonés— y participar en un mitin de solidaridad ciudadana.
Desde entonces, se han desarrollado diversas acciones. En octubre de 2025 hubo una manifestación en Hōsono, Kioto, donde se construye un enorme depósito de misiles. En noviembre, los activistas se movilizaron en Oita, donde estaba a punto de concluir la construcción de otro depósito, y en Kumamoto, el primer emplazamiento del país destinado al despliegue de misiles de largo alcance.
En diciembre de 2025 se reunieron en Kure, Hiroshima, donde está previsto construir un gran centro militar integrado. En mayo de 2026 se movilizaron en Maizuru, Kioto, un importante puerto naval destinado a albergar misiles Tomahawk.
En cada una de estas acciones, los residentes locales se unieron a personas que viajaron desde distintas partes del país. Para octubre de 2026 está prevista una tercera jornada de movilización en Tokio.
Tras la contundente victoria electoral del Gobierno de Takaichi en las elecciones a la Cámara de Representantes de febrero de 2026, un número creciente de jóvenes, especialmente mujeres, se ha sumado a las protestas contra la revisión constitucional y la militarización.
Las manifestaciones frente a la Dieta del 19 de abril de 2026, junto con las movilizaciones solidarias celebradas en todo el país, reunieron a más de 50.000 personas.
Estas protestas surgieron de la organización ciudadana. Lo que comenzó en Tokio se está extendiendo por todo Japón.
Ya en 2015 habían estallado protestas encabezadas por estudiantes cuando el Gobierno intentó aprobar leyes que permitirían a Japón participar directamente en guerras dirigidas por Estados Unidos. Sin embargo, las movilizaciones recientes superan ampliamente a aquellas protestas tanto en magnitud como en extensión geográfica.
En un país donde el activismo juvenil contra la guerra llevaba mucho tiempo teniendo una presencia limitada, este fenómeno representa un acontecimiento verdaderamente novedoso.
Tres desafíos para la resistencia
Existen tres desafíos fundamentales para construir una resistencia efectiva frente a la creciente postura bélica de Japón.
1. Unir las luchas regionales con el movimiento juvenil
El primer desafío consiste en unir las luchas de las regiones militarizadas con el nuevo movimiento juvenil.
Esto requiere convergencia entre las movilizaciones regionales contra la militarización, el movimiento contra la revisión constitucional que se mantiene desde 2015 y las nuevas protestas contra la guerra y el Gobierno de Takaichi, encabezadas por jóvenes.
Cuanto más profunda y amplia sea la convergencia entre estos movimientos, mayores serán las posibilidades de que la resistencia se convierta en una gran ola que recorra todo Japón.
En octubre de 2026 está prevista una nueva acción en Tokio para unir estas fuerzas, alzar la voz contra la creciente postura bélica japonesa hacia China y fortalecer el movimiento pacifista.
2. Desmontar la narrativa de la amenaza china
El segundo desafío es superar y desmontar la narrativa de la «amenaza china» que se difunde en la sociedad japonesa.
El Gobierno y los medios de comunicación presentan la militarización como una medida de disuasión. La mayoría de los ciudadanos acepta este planteamiento y no se opone al enorme coste económico que implica.
Sin embargo, el rearme suele ir acompañado de aumentos de impuestos y recortes en la seguridad social. Mientras tanto, numerosos ciudadanos afrontan crecientes dificultades económicas y reclaman una mayor protección social y alivio fiscal.
Si más personas comprendieran que China no tiene motivos para atacar Japón y que, por el contrario, la postura militar de Japón y Estados Unidos incrementa los riesgos de guerra en Asia Oriental, el apoyo a la militarización podría disminuir.
No se realizan ejercicios militares chinos cerca de Estados Unidos, mientras que Japón, Estados Unidos y la OTAN llevan a cabo maniobras conjuntas bien cerca de China. Por ello, desmontar los discursos que alimentan la hostilidad hacia China constituye una tarea urgente.
3. Construir un movimiento antiguerra junto al Sur Global
El tercer desafío consiste en construir un movimiento contra la guerra que actúe en solidaridad con los pueblos del Sur Global, muchos de los cuales fueron colonizados por las potencias imperialistas, incluido Japón.
Japón y los países occidentales, que dominaron amplias regiones del mundo durante siglos, atraviesan actualmente un proceso de declive histórico relativo. Al mismo tiempo, China, India, Indonesia, Brasil y otros países están aumentando su peso económico y su influencia política.
Estos países promueven la resolución pacífica de los conflictos y se han opuesto a guerras de agresión como las libradas contra Vietnam, Irak y Libia, así como a la violencia contra Palestina.
Desde 2023, el Sur Global, incluida China, ha ejercido una presión creciente para detener los ataques israelíes contra la población palestina respaldados por países occidentales. Esta posición se inscribe en una tradición que se remonta a los Diez Principios de Bandung y al Movimiento de Países No Alineados.
Las acciones imprudentes de Estados Unidos contra Venezuela, Cuba e Irán son, desde esta perspectiva, manifestaciones de una potencia en declive.
Los países que están construyendo esta postura bélica contra China forman parte del mismo núcleo de Estados occidentales liderados por Estados Unidos. El objetivo sería debilitar a China, uno de los principales centros de poder del Sur Global, y retrasar así su propio declive.
Nuestra lucha comparte una causa común con los pueblos que se enfrentan a la agresión estadounidense contra Venezuela, Cuba e Irán.
El movimiento pacifista japonés todavía no ha desarrollado plenamente esta conciencia internacional. Sin embargo, debemos comprender nuestra propia lucha desde esta perspectiva y llevarla adelante como parte de una causa internacional.
Esta es nuestra tarea histórica en Asia Oriental, en un momento decisivo para la humanidad.
Una red internacional de resistencia contra la guerra
La iniciativa «¡Bases fuera de Asia!» ofrece la esperanza de convertirse en la semilla de una futura Red Antiguerra de los Pueblos Asiáticos, capaz de vincular la resistencia de la población japonesa con las luchas de los pueblos de Asia Oriental y del Sur Global.
Ochenta y un años después de Hiroshima y Nagasaki, el trabajo para impedir una nueva guerra apenas comienza.
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Nota: Hiroyuki Takai – es correpresentante de la Red Detengan la Guerra de Okinawa y el oeste de Japón y autor de ¿Quién invita a la guerra en Asia Oriental? Contención de China y planes de guerra entre EE. UU. y Japón en el arco de Ryukyu. – Japon
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Fuente e imagen: El Viejo Topo – The Tricontinental – radionicaragua
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