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Ignorancia y propaganda en el Parlamento uruguayo

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La diputada Adriana Peña y la caricatura de Irán

Un análisis crítico de las afirmaciones realizadas por la diputada nacionalista, el uso político de estereotipos sobre Irán y la realidad mucho más compleja de la situación de las mujeres iraníes.

NOTA: André Silva, Diario la Humanidad

Montevideo, Uruguay

En una reciente sesión de la Cámara de Representantes de Uruguay, la diputada del Partido Nacional y exintendenta de Lavalleja, Adriana Peña, protagonizó un hecho que fue amplificado por algunos medios de comunicación, se colocó una burka en pleno debate parlamentario para “denunciar”, según sus palabras, la situación de las mujeres en Irán.

Su acting disfrazado de denuncia simbólica terminó revelando algo muy distinto, una profunda ignorancia sobre la sociedad iraní y una reproducción muy obediente de narrativas propagandísticas que durante décadas han sido utilizadas por Estados Unidos y sus aliados para justificar campañas de presión política, sanciones y operaciones de desestabilización contra la República Islámica.

El problema no es menor cuando una legisladora utiliza la tribuna parlamentaria para difundir estereotipos falsos sobre otro país, no solo banaliza una cultura, sino que además contribuye a reproducir un discurso de odio geopolítico que históricamente ha servido para legitimar intervenciones externas.

La primera confusión ya que en Irán no se usa burka

El gesto central de la diputada al colocarse una burka ya contiene un error fundamental.

La burka no es una prenda característica de Irán. Se trata de una vestimenta tradicional asociada principalmente a Afganistán, particularmente durante el régimen Talibán.

En Irán, lo que algunas mujeres utilizan es el hiyab, un pañuelo que cubre el cabello pero deja el rostro completamente visible. Además, existen diversas formas de vestimenta desde el chador una prenda larga que cubre el cuerpo hasta estilos mucho más flexibles utilizados cotidianamente en las grandes ciudades como polleras, vestidos calzas sobre todo en las mujeres más jóvenes.

La escena parlamentaria, por lo tanto, no describía la realidad iraní sino una imagen asociada a otro país y a otro contexto político completamente distinto.

Afganistán, los talibanes y la responsabilidad de Washington

Resulta especialmente irónico que la diputada utilice una burka para hablar de Irán cuando el uso masivo de esta prenda está vinculado al ascenso del régimen talibán en Afganistán.

Ese mismo movimiento fue inicialmente impulsado durante la guerra fría en el marco de la estrategia estadounidense contra la Unión Soviética. Durante la década de 1980, la CIA apoyó y financió a diversas milicias islamistas en Afganistán dentro de la operación conocida como Operación Ciclón.

Décadas más tarde, tras veinte años de ocupación militar, Estados Unidos abandonó el país en 2021, permitiendo el regreso al poder del grupo Talibán.

En ese contexto fue donde la burka volvió a imponerse de forma generalizada.

Confundir esa realidad con la sociedad iraní no es un detalle menor ni inocente ya que revela hasta qué punto el debate político de derechas suele intencionadamente mezclar culturas, religiones y países distintos bajo un mismo estereotipo.

¿“Las matan si no usan el velo”? Entre propaganda y realidad

La diputada afirmó en el Parlamento que las mujeres iraníes “ponen su cuerpo para que las maten” y que si no usan esa vestimenta “las matan”.

Se trata de afirmaciones extremadamente graves, ya que ese discurso es insostenible cuando se examinan los datos reales de la sociedad iraní.

En Irán:

  • Más del 60 % de los estudiantes universitarios son mujeres.
  • Las mujeres participan activamente en sectores como la medicina, la ingeniería, la investigación científica y la administración pública.
  • Existe una presencia significativa de mujeres en el parlamento iraní y en el sistema judicial.

La vida cotidiana en ciudades como Teherán, Isfahán o Shiraz está muy lejos de la caricatura que suele difundirse en discursos políticos occidentales.

Esto no significa que la sociedad iraní no tenga debates internos sobre normas culturales o religiosas. Los tiene, como cualquier sociedad del mundo. Pero presentar a todo un país como un lugar donde las mujeres son sistemáticamente asesinadas por su vestimenta constituye una aberración extrema que responde más a la propaganda geopolítica que a un análisis serio.

La mujer en Irán protagonismo social y educativo

Uno de los aspectos más invisibilizados en los discursos occidentales es el rol central de las mujeres en la vida social iraní.

Las mujeres iraníes:

  • lideran proyectos científicos y tecnológicos;
  • participan activamente en el sistema universitario;
  • ocupan posiciones relevantes en el sector médico;
  • tienen una presencia cultural significativa en el cine, la literatura y el arte.

El cine iraní contemporáneo reconocido internacionalmente ha sido impulsado en gran medida por creadoras y protagonistas femeninas.

Reducir esa realidad a una imagen de opresión absoluta no solo es incorrecto es también una forma de borrar la presencia de millones de mujeres que participan activamente en la vida pública de su país.

Uruguay y la realidad de la violencia contra las mujeres

Si el objetivo es debatir sobre derechos de las mujeres, quizá sería más útil mirar también hacia la realidad local.

En Uruguay, la violencia de género sigue siendo un problema estructural. Cada año se registran múltiples femicidios y miles de denuncias por violencia doméstica.

El país tiene una de las tasas más altas de feminicidios en América Latina en relación con su población. Además, los sistemas de protección muchas veces resultan insuficientes para prevenir tragedias que se repiten año tras año.

La pregunta entonces se hace inevitable¿con qué autoridad moral se presenta la diputada como portavoz de la liberación de las mujeres de otro país mientras en el propio Uruguay persisten graves problemas estructurales de violencia de género?

Geopolítica del discurso sobre los “derechos de las mujeres”

El discurso sobre los derechos de las mujeres ha sido utilizado durante décadas como una herramienta selectiva dentro de la estrategia internacional de las potencias occidentales.

Cuando conviene a sus intereses geopolíticos, gobiernos como el de Estados Unidos o sus aliados europeos invocan la liberación femenina para demonizar a determinados países. Sin embargo, ese mismo discurso desaparece cuando se trata de aliados estratégicos que mantienen sistemas profundamente restrictivos para las mujeres.

Ese doble estándar es evidente. Mientras se intenta señalar permanentemente a Irán, las mismas potencias mantienen estrechas alianzas políticas, militares y comerciales con monarquías del Golfo donde las mujeres enfrentan restricciones mucho más severas en la vida pública.

La defensa de los derechos humanos, en estos casos, deja de ser un principio universal para convertirse en una herramienta de presión política.

La historia reciente lo demuestra con crudeza. La supuesta “liberación de las mujeres” fue entre otros uno de los argumentos utilizados para justificar la invasión y ocupación de Afganistán contra el comunismo. Dos décadas de guerra, cientos de miles de muertos y la destrucción del Estado afgano después, el resultado fue exactamente el contrario, el regreso al poder del Talibán y una situación aún más difícil para millones de mujeres, que antes durante el gobierno comunista podían estudiar, trabajar, manejar y vestir incluso minifalda.

Es aquí bajo el régimen Talibán en dónde como dice la diputada Peña, la mujer es asesinada, apedreada, lapidada, y le permiten al hombre por ley, golpear a la mujer.

En ese contexto, utilizar el sufrimiento de las mujeres como herramienta retórica dentro del parlamento uruguayo, para criminalizar a un país y justificar una intervención militar es inaceptable.

Una escena parlamentaria que revela más ignorancia que solidaridad

El episodio protagonizado por Adriana Peña estaba disfrazado, se intento mostrar que se estaba enviando un mensaje de solidaridad con las mujeres iraníes.

La realidad terminó revelando algo distinto, una visión profundamente equivocada y una gran ignorancia del mundo musulmán, una repetición mecánica de estereotipos que han sido utilizados durante décadas para demonizar a Irán.

La política internacional exige algo más que gestos simbólicos, exige conocimiento, contexto histórico y responsabilidad.

Porque cuando el debate público se basa en caricaturas culturales, lo que se debilita no es solo la verdad sobre otros pueblos, sino también la calidad del propio debate democrático.

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