Irán activa doctrina militar estratégica para responder a la amenazas de Trump

IRAN

Plan de Teherán para “disciplinar al perro amarillo” reconfigura la amenaza en Oriente Medio con ataques de misiles, presión en el Golfo y operaciones no convencionales contra intereses sionistas y estadounidenses.

Nota: Diario La Humanidad – Diego Ramirez

Montevideo – Uruguay

Para el caso en que occidente realice un ataque contra Irán, el pais Persa ha formulado una nueva doctrina de defensa ofensiva que podría cambiar el equilibrio de poder en Oriente Medio. Según informes de inteligencia, Teherán impulsa un plan operativo con misiles contra objetivos del régimen sionista, ataques a infraestructuras energéticas en el Golfo Pérsico, y una estrategia de guerra híbrida que involucra a grupos de resistencia en Irak, Yemen y más allá. Esta “arquitectura de poder” incluye también sabotajes económicos en Dubái, interrupciones navales en el estrecho de Ormuz y potenciales ataques a bases estratégicas como la Quinta Flota en Baréin y Al Udeid en Qatar. Un nuevo enfoque no convencional que podría redefinir la seguridad regional y global.

Irán y la doctrina del golpe silencioso: cuando el “perro amarillo” deja de ladrar

Por momentos, el tablero de Asia Occidental parece inmóvil. Pero bajo la superficie, las placas tectónicas se desplazan con una calma que solo precede a los terremotos. Según informes que circulan en los circuitos de inteligencia, Teherán ha formulado un plan operativo con un título que no deja lugar a interpretaciones diplomáticas: “Disciplinar al perro amarillo”.

No se trata de una amenaza retórica más en la interminable guerra de nervios entre la República Islámica y el eje estadounidense-sionista. El punto clave —y aquí está la ruptura doctrinal— es que los objetivos ya habrían sido comunicados directamente a las unidades de misiles, sin necesidad de validación política adicional. Traducido al lenguaje del poder duro: el gatillo está institucionalmente preparado.

La arquitectura del castigo

La operación se concibe como una secuencia escalonada, diseñada no para una guerra convencional —que Irán sabe que no ocurrirá— sino para un conflicto asimétrico, regional y prolongado.

La primera fase sería directa y brutal: ataques masivos con misiles contra áreas densamente pobladas bajo control del régimen sionista. No como fin en sí mismo, sino como mensaje inaugural: el mito de la invulnerabilidad ha caducado.

Las fases siguientes expanden el conflicto más allá de Palestina ocupada, llevando la presión al corazón energético del Golfo. Infraestructuras petroleras y energéticas en Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar y Arabia Saudita entrarían en la ecuación, ejecutadas no por Irán directamente, sino por las unidades de resistencia de Irak y Yemen.

El subtexto es claro: el Eje de la Resistencia funciona como un sistema integrado, no como actores aislados.

El Golfo como teatro económico de guerra

Uno de los elementos más reveladores del plan es el énfasis en golpear el núcleo económico, particularmente Dubái. No por su valor militar, sino por su simbolismo: capital del capital, nodo financiero, vitrina del orden neoliberal del Golfo. Sabotear Dubái es sabotear la narrativa de estabilidad sobre la que se sostiene el sistema.

A esto se sumaría el uso decisivo de capacidades navales disuasivas, con el objetivo de dejar fuera de servicio a la flota enemiga. En el estrecho de Ormuz —ese cuello de botella por donde respira la economía global— la disuasión no necesita proclamarse: basta con activarse.

Bases, bajas y el fin de la zona segura

El mensaje final va dirigido directamente a Washington. El plan contempla infligir grandes bajas humanas y materiales en bases regionales clave: Al Udeid en Qatar, la Quinta Flota en Baréin, Al-Kharj en Arabia Saudita, además de objetivos en Jordania. La noción de “bases seguras” desaparecería de la noche a la mañana.

Las capas más profundas de la operación —del nivel dos al diez— quedarían condicionadas a una reacción secundaria del eje estadounidense-sionista. Es una doctrina de respuesta adaptativa, inspirada, según el propio documento, en las lecciones de la llamada guerra de los doce días. Nada de líneas rojas estáticas: todo es fluido, reactivo, no convencional.

La guerra que viene no se parece a ninguna

Quizás el punto más inquietante del texto es su énfasis en que la guerra futura no será convencional. Irán no espera divisiones acorazadas cruzando fronteras, sino operaciones híbridas, activación de redes separatistas, sabotaje interno y enfrentamientos incluso a nivel callejero. Y afirma estar preparado para ello.

En otras palabras, el campo de batalla ya no es solo el desierto, el mar o el cielo. Es la ciudad, la economía, la percepción, el tejido social.

Si estos informes reflejan una realidad operativa —y no mera guerra psicológica— entonces estamos ante algo más que un plan militar. Es una declaración estratégica: Irán no intenta disuadir con palabras, sino que planifica una arquitectura de lucha.

El mensaje real seria:
cuando el “perro amarillo” muerde, el castigo no será local, ni breve, ni convencional.

Será sistémico y muy bien planificado.

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Nota: Diego Ramírez – Periodista – Uruguay – Montevideo

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Imagen: TRT World

Los artículos del diario La Humanidad son expresamente responsabilidad del o los periodistas que los escriben.

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